domingo, 30 de mayo de 2010

'El último hombre sobre la tierra', ecos de la guerra fría.


La guerra fría mantuvo en vilo a la opinión publica durante años, esto dio lugar en el arte a numerosas representaciones e historias postapocalipticas mediante las cuales el ciudadano de a pie podía sublimar los sentimientos catastrofistas que había en el ambiente. El cine por supuesto no fue una excepción y se baso en ocasiones en historias originales y en otras en adaptaciones para llevar a cabo su función terapéutica. El último hombre sobre la tierra (The last man on earth, Ubaldo Ragona, Sydney Salkow, 1964) representa la primera adaptación de la novela de Richard Matheson Soy Leyenda. Tanto la obra literaria como la fílmica relatan la vida de un hombre en un mundo poblado por vampiros, probablemente el último ser humano del planeta. El hecho de narrar el día a día de una única persona cuya jornada consiste en cazar vampiros de día y resistir ante ellos de noche, hace que la primera parte de la película se resienta y se convierta en una tediosa sucesión de planos expositivos, durante los cuales conoceremos los pensamientos del protagonista introducidos mediante voz en off. Aun así no carece por completo de interés dado que en ella residen algunos de los momentos que mejor caracterizan al personaje de Robert Morgan (Vincent Price). Las escenas de Morgan recorriendo la ciudad para suplirse de sus necesidades (ajos, espejos, gasolina) o la de un Morgan con mascara antigás arrojando los cadáveres de los vampiros cazados a una gran pira común, y la frialdad con la que realiza todo esto, demuestra la cotidianeidad con la que lleva una situación, el saber que todas las personas que conocía están ahora muertas o peor, que en un primer momento se antoja estremecedora. Esta aparente entereza ante tan dramáticos hechos se ve quebrada en ciertas ocasiones de forma que el espectador pueda empatizar con el personaje y verlo de forma más humana. El calendario pintado en la pared que va tachando día tras día y algún esporádico ataque de ira, hacen de Robert Morgan un personaje corriente en una situación anormal y lo humanizan en comparación con los seres que acechan su casa cada noche. Estos seres, mitad vampiros mitad zombis y en apariencia totalmente inofensivos son quizás el punto flojo de la película. El momento en el que Morgan se queda dormido tras haber ido a visitar a su esposa muerta al cementerio y cómo vuelve a casa de noche enfrentándose a estos seres a base de empujones es de una simpleza que convierte a la principal amenaza del film en algo completamente inofensivo.


La película mejora considerablemente durante su segunda parte, un extensísimo flashback en el que vemos como Robert Morgan, científico en un laboratorio, trabaja incansablemente para descubrir la cura contra el virus que está diezmando a la población. También conocemos a su mujer Virge (Emma Danieli), a su hija Kathy (Christi Courtland) y a su amigo Ben (Giacomo Rossi-Stuart), que de vuelta al presente será el ser que golpee su puerta noche tras noche incitándole a salir. La mayor apertura de la película mediante la incorporación de nuevos personajes y escenarios hace de esta parte mucho más entretenida. Además contiene algunos de los mejores momentos del film. En una escena en la que el ejercito está arrojando masivamente a ciudadanos muertos a una gran fosa común en la que poder quemarlos para evitar que resuciten, aparece Morgan buscando desesperadamente a su hija, a quien acaban de llevarse, antes de que la arrojen a la fosa, finalmente, abatido, acabará marchándose tras oír la terrible aseveración de un soldado: “Hay muchas hijas ahí. Incluyendo la mía”. Posteriormente, tendrá lugar uno de los pocos momentos de autentico terror del film cuando su mujer muerta, a quien Morgan había enterrado negándose a quemarla con los demás cuerpos, aparezca por la puerta de casa reclamándole.


Es gracias a las escenas de este flashback que se entiende completamente la desesperación de Morgan por encontrar, aun a riesgo de su propia vida, a un perro vivo que ha visto por la calle, y el significado que tiene para él cuando el animal muere y lo sepulta en la tierra. El desenlace de la película, a partir de que los compañeros de Ruth (Franca Bettoia) aparezcan para llevarse a Morgan, supone un paréntesis de acción dentro de una cinta con unas pretensiones algo más trascendentes, lastima el poco presupuesto del film que no permite que estas escenas luzcan como debieran.


Quizás la escena que mejor resuma el pensamiento del film sea la última en la que Morgan, justo antes de morir, diga refiriéndose a sus asesinos “Monstruos, son todos unos monstruos. Yo soy un hombre. El último hombre”. El miedo a lo antiguo, a una forma de pensar que no entienden y que está a punto de extinguirse es lo que lleva a la nueva raza a ejecutar a Morgan, y es el miedo al cambio que estos representan lo que se ve reflejado en su cara antes de morir. La incomprensión y la consecuente discriminación del diferente es lo que lleva a Morgan a su final. Algo parecido a lo que ocurría en el mundo real, dos naciones a punto de enfrentarse debido a la falta de entendimiento, comprensión y respeto. Al final Ruth ya curada y por lo tanto humana de nuevo, le de la espalda a sus antiguos compañeros y a su antigua raza, rechazando por tanto la ideología y la forma de actuar de estos y sale ella sola de la iglesia camino hacia un mundo nuevo.


El último hombre sobre la tierra - Ficha


Italia, 1964
T.O.: The last man on earth.
Director: Ubaldo Ragona y Sydney Salkow.
Guión: William F. Leicester, Logan Swanson, Furio M. Monetti y Ubaldo Ragona basado en una novela de Richard Matheson.
Productor: Robert L. Lippert.
Producción: Produzioni La Regina y Associated Producers (API).
Fotografía: Franco Delli Colli en blanco y negro.
Diseño de produccion: Giorgio Giovannini.

Diseño de vestuario: Angiolina Menichelli.
Montaje: Gene Ruggiero y Franca Silvi.

Música original: Paul Sawtell y Bert Shefter
Duración: 86 minutos.

Estreno USA: 8 de Marzo de 1964

Estreno Italia: 19 de Agosto de 1964

Interpretes: Vincent Price (Dr. Robert Morgan), Franca Bettoia (Ruth Collins), Emma Danieli (Virginia Morgan), Giacomo Rossi-Stuart (Ben Cortman), Umberto Raho (Dr. Mercer), Christi Courland (Kathy Morgan).


Argumento:

Después de que un virus convierta a toda la población en extraños vampiros, Robert Morgan, el último hombre sobre la tierra, sobrevive en las calles de una ciudad vacía cazando a los seres de día e intentando encontrar la cura para la infección. Las cosas cambiarán el día que encuentre a una mujer viva que ha sobrevivido al virus, pero ella esconderá un gran secreto.


Comentario:

En la copia italiana de la película aparece acreditado como director Ubaldo Ragona mientras que en la americana aparece Sydney Salkow. Aparentemente Salkow estuvo presente en el set como ayudante de Ragona y para preparar la versión en ingles.

La película está basada en la novela Soy leyenda de Richard Matheson. El escritor fue llamado par escribir el guión de la cinta pero en los últimos momentos del proyecto Matheson no quedo contento con el resultado y pidió que lo retirasen de los créditos. Así aparece bajo el seudónimo de Logan Swanson, nombre que utilizaba en ocasiones.



miércoles, 26 de mayo de 2010

'Lost', un final perfecto para unos personajes imperfectos.

Artículo publicado en Scifiworld.es

ATENCIÓN SPOILERS DE LA SERIE NO SIGAS LEYENDO SI NO LA HAS VISTO ACABAR


Lost representa, como muchos ya llevan tiempo comentando por ahí, un hito en la historia de la televisión, nunca una serie de televisión había jugado con el espectador de la manera en que Lost lo ha hecho, ha sido una serie en la que no ha habido dos capítulos iguales, las distintas temporadas incluso son totalmente diferentes entre sí, con distintos argumentos, distintos desarrollos y distintos personajes, casi independientes. Desde el momento en que se emitió el primer capítulo la serie fue cambiando, mudando de piel a cada semana, pero los espectadores seguíamos enganchados, J.J. y compañía nos tenían atrapados, y sabían muy bien que es lo que tenían que darnos (o más bien que es lo que no tenían que darnos). Un conjunto de conceptos e ideas que fueron abriéndose camino en la serie para atraernos más si cabe hacia sí. Primero fueron los flashbacks, hábil elemento con el que pudimos conocer lo ocurrido a los protagonistas antes de llegar a la isla, luego el monstruo, a veces presente, otras veces largas temporadas de vacaciones, pero siempre aparecía en el momento adecuado para hacer sufrir a los personajes y a nosotros; luego resultó que la misteriosa iniciativa Dharma ya había estado en la isla antes que los perdidos, qué hacían en ella y porqué es algo que nos mantendría intrigados a todos durante mucho tiempo; más tarde, en una inteligentísima reinvención como nunca antes se había visto, irrumpieron los flashforward, con los que conocimos los eventos ocurridos después de dejar la isla y que fue el elemento clave que anunciaría, aunque entonces no lo supiéramos, los devaneos temporales que vendrían después; Jacob ya llevaba un tiempo rondando por ahí para aquel entonces haciendo nadie sabe qué y maquinando para cumplir su plan; cuando parecía que nada más podría sorprendernos, en la sexta temporada aparecieron los flash-sideways (concepto inventado por la propia serie), si ya conocíamos lo que ocurría antes y lo que ocurría después, ahora le tocaba el turno a lo que ocurría a la vez (pero ¿donde?). Cada episodio de Lost parecía pertenecer a una serie distinta aunque contara la misma historia. Cuando el fenómeno Lost apareció, series que habían sido revolucionarias como CSI ya no lo parecían tanto, los posteriores creadores se lanzaron a copiar el patrón. Lost ha sido el padre y la madre de un buen puñado de series, algunas mejores, otras peores, pero todas con una referencia común. Estamos hablando de una serie que consiguió que el presidente de los EE.UU. cambiara de fecha un discurso a la nación para no coincidir con la emisión serie, esto dice mucho de la importancia relativa que ha tenido. No hay duda de que Lost ha cambiado la forma de entender la televisión. Hablamos de una serie que ha conseguido lo que muchos pedíamos desde hace años: la emisión simultanea en EE.UU. y en otros países del mundo de un mismo episodio. Solo ha ocurrido con el último episodio, cierto, y la emisión en España fue una chapuza, pero representa un gran paso y la prueba de que otra manera de hacer televisión es posible. Todo ello se debe obviamente a la grandísima historia que nos han contado, una aventura inmensa, inconcebible y, a menudo, incomprensible, que hablaba sobre temas más grandes de lo que podíamos imaginar. Una historia que nos ha hecho pensar y reflexionar, y que principalmente nos ha mantenido en vilo gracias a la intriga con mayúsculas que impregnaba cada episodio. Pregunta tras pregunta iba avanzando la serie y nosotros con ella. Cuando un misterio parecía a punto de resolverse, otro más grande aparecía en su lugar y no solo no resolvía el anterior sino que le daba una nueva dimensión, las teorías surgían por toda la red a cada capitulo que se emitía, los fans se estrujaban la cabeza intentando averiguar que demonios ocurría en la maldita isla y Damon Lindelof y Carlton Cuse sonreían de forma picara a cada pregunta que se les realizaba sin decir ni pío. Los misterios han sido sin duda el motor de la serie, pero todo motor necesita un combustible, y este combustible, el mejor posible sin duda, han sido los personajes.


Lost siempre ha sido una serie de personajes. Jamás hubiera funcionado si los espectadores no hubiéramos empatizado con ellos desde el primer momento. Ya en el episodio piloto nos angustiamos con Boone buscando entre el caos del accidente un boli con el que poder salvar la vida a Rose, sufrimos por el bebe de Claire antes incluso de saber como se llamaba, también nosotros tuvimos reparos hacia Sayid y nos identificamos con el bueno e inocente de Hurley, al final incluso acabaríamos queriendo a la en principio repelente Shannon y apreciando de algún modo a un ser manipulador y ambiguo como Ben Linus. Reconozcámoslo, a nadie le hubieran importado un carajo los Otros si no se hubieran llevado al bebe de Claire, nadie habría querido saber que se escondía debajo de la escotilla sino fuera por el viaje personal de Locke hasta conseguir abrirla, nunca nos preocupó que el mundo pudiera realmente acabarse, lo que nos importaba de verdad era ver que hacía Desmond después de descubrir que llevaba tres años pulsando una tecla para nada. La pregunta más importante nunca fue ¿Qué es la isla? Sino ¿Quiénes son ellos? Si algo hay que reconocer a los creadores de Lost no es que hayan revolucionado el mundo de las series de televisión, ni la intrincada y enrevesada historia que nos ha mantenido en vilo durante seis años, sino la gestación de unos personajes que nos han hecho reír y padecer, a quienes hemos amado y odiado, con quienes hemos vivido aventuras y a quienes hemos llorado sus muertes, personajes imperfectos que nos han planteado sus dudas, que han crecido con nosotros, y se han redimido delante de nuestros ojos. Ellos, a quienes hemos perdonado cosas imperdonables y quienes nos han hecho vivir momentos inenarrables son el verdadero corazón de la serie.


Los personajes han sido siempre el verdadero corazón de la isla.


Por eso The End, último episodio de la serie, ha estado no solo protagonizado por ellos sino dedicado a ellos. La sexta temporada se había encargado de ir cerrando tramas e historias, de ir resolviendo (a su manera) algunos de los misterios que nos acompañaban desde hacía tiempo. Nos hablo de Jacob, de la Roca Negra, del enfrentamiento entre Ben Linus y Charles Widmore, del pasado de la isla, nos resolvió dudas y nos planteo algún “¿Y si…?”. Casi todo había ido quedando más o menos cerrado, tan solo las últimas pinceladas quedaban por dar. Y llegó el último episodio, y comenzaron los recuerdos, y los reencuentros, momentos emotivos, alguna lagrima se escapó viendo según que escenas, según que personajes, cada cual los suyos. The End representó el homenaje definitivo a esos personajes que tanto habíamos aprendido a querer. J.J. y compañía nos confirmaron que al final la iniciativa Dharma no importaba, que el monstruo tan solo era una nube de humo negro, que el enfrentamiento entre Jacob y su Némesis no era tan importante como parecía. Nos demostraron que lo que importaba había estado ahí siempre, lo habíamos tenido siempre delante, en todo momento. Al fin y al cabo no habían sido tan traposos como pensábamos, el episodio piloto comenzaba con el primer plano de Jack, y tuvimos que habernos dado cuenta ya entonces de que eso era lo importante de esta (gran) historia, Jack, Kate, Sawyer, Sayid, Hurley, Ben… ellos eran lo que realmente importaba, lo demás solo estaba ahí para crear ambiente y llevarlos (y a nosotros con ellos) de un punto a otro. Cuando el tiempo pase y se mencione la serie, muchos la recordarán como la gran revolución que supuso, otros tan solo recordarán a la iniciativa Dharma y los osos polares, muchos recordarán la isla e incluso algunos se seguirán preguntando qué es. Se recordaran muchas cosas pero lo que realmente todos echaremos de menos será a ellos:


Sayid, Jack, Hurley, Sawyer, Jin, Sun, Kate, John, Claire, Ben , Charlie, Desmond, Michael, Juliet, Miles, Shannon, Richard, Walt, Daniel, Frank, Boone, Mr. Eko, Ana Lucia, Libby, Rose, Ilana, Bernard, Charlotte, Tom, Rousseau, Alex, Christian, Widmore, Pierre Chang, Nikki, Paulo, Cindy, Penny, Ethan, Naomi, Keamy, Aaron, Mikhail, Phil, Horace, Nadia, Arzt, Eloise, Jacob, Anthony Cooper, Roger Linus, Radzinsky, Cassidy, Liam Pace, Goodwin, Abbadon


y Vincent



sábado, 22 de mayo de 2010

'Canino', una sociedad incómoda.


Es Canino (Kynodontas, 2009) una película incomoda, tanto en su forma como en su fondo. En su fondo la incomodidad recae en el tema que se trata y en la naturalidad y crudeza con la que se trata. La película cuenta la historia de una familia algo peculiar. Un padre dictatorial y manipulador mantiene a toda su familia (mujer, un hijo y dos hijas) encerrados dentro de los muros de su casa, totalmente alienados y separados de la realidad del mundo. Los hijos viven en el microcosmos creado por su padre, sin tener más información del mundo que la adulterada educación de sus progenitores. La madre ha sido convertida en un mero elemento reforzador de la idea de unidad familiar pero que ha sido despojada de toda autoridad física y moral sobre lo que ocurra en la casa o a sus hijos. Estos, rondado la treintena, poseen la ingenuidad propia de los niños debido a la educación sesgada y controlada que se les ha dado. La única persona ajena a la familia que ha entrado jamás en la casa es Christina, la mujer que trae el padre para practicar sexo con su hijo (por supuesto las hijas no tienen ningún derecho a ello) y que será la que provoque gran parte de lo que llegue después, en una excelente metáfora del daño que una información no oficial y convenientemente censurada puede hacer para la estabilidad de un régimen. El aséptico entorno en el que viven, será un excelente contraste cuando los secos y esporádicos estallidos de violencia salpiquen de rojo el blanco de ropas, paredes y mobiliario. En su forma la incomodidad se encuentra en el poco convencional modo con el que el director griego acomete su propuesta, Giogios Lanthimos usa unos encuadres atípicos en los que las caras de los personajes y sus expresiones quedan fuera de cuadro, haciendo hincapié en sus acciones mas que en los sentimientos (anulados e invalidados debido a su adoctrinamiento) que estas representan para ellos. Incluso los enfoques son algo extraños, centrándose en ocasiones en objetos cotidianos mientras el objetivo de la acción permanece fuera de foco. Durante la primera media hora de la película apenas sucede nada, una serie de planos fijos larguísimos nos muestran la peculiar situación en la que vive la familia, prestando el director una desmesurada atención a escenas aparentemente poco importantes para el desarrollo de la trama, algo que lejos de provocar aburrimiento, no hace sino acentuar la sensación de incomodidad y extrañeza que la película transmite. No será hasta que Christina intercambie su diadema con la hija mayor y lo que le pida a cambio cuando empezara a girar la rueda que moverá la película hasta su abrupto desenlace


La crítica a la sociedad actual es manifiesta, la incomunicación en la pareja, la mecanización en la que estamos inmersos en nuestra vida diaria, la influencia que el entorno en el que somos criados ejerce sobre nosotros, la inevitable violencia de la que estamos rodeados y como nos enfrentamos a esta, la incomodidad de las familias actuales en hablar de ciertos temas que puedan parecer comprometidos (¿Cuántos querrían decirles a sus hijos que un coño es una lámpara grande?). Quizás lo que mas llame la atención, por obvio, sean los esfuerzos que realiza el padre para mantener a sus hijos dentro del entorno que ha creado; convencerlos de que un gato ha matado a su hermano desaparecido, traducir libremente canciones para transmitir su mensaje, incluso quitar las etiquetas de todos los productos que compra son esfuerzos claramente mal enfocados pero con un fin en teoría loable, protegerlos de las maldades del mundo. Es lícito preguntarse pues, si esta sobreprotección mal entendida es producto de una maldad consciente por parte del padre, de un trastorno mental latente o bien es provocada involuntariamente por una sociedad opresiva y cruel que crea monstruos a su imagen. Pueden parecer demasiadas reflexiones para una sola película, y en cierta forma lo son, sin embargo Lanthimos habla de todo esto de una manera sencilla pero convincente, planteando preguntas que otros callan pero dejando siempre la reflexión última para el espectador. Sin duda Canino es una película atrevida que se mira en el espejo de la sociedad actual para crear un entorno perturbador pero plausible. Un espejo en el que no es difícil vernos reflejados.

Canino - Ficha


Grecia, 2009
T.O.: Kynodontas.
Director: Giorgios Lanthimos.
Guión: Giorgios Lanthimos y Efthymis Filippou.
Productores: Yorgos Tsourgiannis.
Producción: Boo Productions.
Fotografía: Thimios Bakatatakis en color.
Diseño de produccion: Stavros Hryosogianis.

Dirección artistica: Elli Papageorgapoulou
Diseño de vestuario: Elli Papageorgapoulou.
Montaje: Yorgos Mavropsaridis.
Duración: 94 minutos.

Estreno Grecia: 11 de Noviembre de 2009

Estreno España: 14 de Mayo de 2010

Interpretes: Christos Stergioglou (Padre), Miechele Valley (Madre), Aggeliki Papoulia (Hija mayor), Mary Tsoni (Hija menor), Cristos Passalis (Hijo), Anna Kalaitzidou (Christina), Alexander Voulgaris (entrenador de perros).


Argumento:

Un padre autoritario y manipulador mantiene a su mujer y a sus tres hijos (un hijo y dos hijas) encerrados dentro de los muros de su casa. Los hijos nunca han salido de la casa y el único conocimiento que tienen del mundo es por la educación adulterada que les dan sus padres. La única persona ajena a la familia que entra en la casa es Christina, una mujer traída por el padre para practicar sexo con su hijo.


miércoles, 19 de mayo de 2010

'Robin Hood: príncipe de los ladrones', nostalgia por el cine de aventuras.

Es por todos sabido que los cambios culturales y sociológicos que acontecen en el mundo son reflejados en mayor o menor medida en las artes que se producen en cada tiempo determinado. En este caso, y dada la temática de este blog, en el cine. De esta forma, y respondiendo en parte a las preguntas que se planteaba Nacho Vigalondo en su blog, los problemas que asolan el planeta en los primeros años del siglo XXI (guerras, hambre, terrorismo, corrupción) y la facilidad de acceso a la información sobre ellos por parte de la gran mayoría, hacen que uno casi se sienta un ser inmoral disfrutando de una película sencilla, divertida y sin profundas reflexiones. Dado lo mal que está el mundo, el cine se ve en la obligación de reflejarlo en toda su crudeza para resultar creíble y correcto. Los personajes son grises, el honor no existe, la justicia esta en venta. Haciendo un repaso de las películas que se estrenaron en los primeros años de la década de los noventa y comparándolas con las que nos presenta el cine actual podemos encontrar grandes diferencias. Mientras que en estas los protagonistas son personajes críticos, profundos, con una manera algo pesimista de mirar al mundo, con graves trastornos internos, y en ocasiones difícilmente distinguibles del villano de turno, en aquellas eran personajes valientes y heroicos, cómicos en muchos aspectos, eran personajes que transmitían alegría, coraje y sencillez, interpretados con cierta ligereza emocional dentro de películas que no se terminaban de tomar en serio a sí mismas pero que no por ello perdían el interés o la calidad. Tomando como ejemplo a personajes como el Batman de Christian Bale, el James Bond de Daniel Craig, el Perseo de Sam Worthington, el Anakin Skywalker de Hayden Christensen o el ultimo Robin Hood de Russell Crowe, (hagamos una excepción en Robert Downey jr. y en Johnny Depp que parecen ser los únicos capaces de crear personajes diferentes sin caer en la parodia) y comparándolos con el John McClane de Bruce Willis, con el Batman/Joker de Michael Keaton/Jack Nicholson, el Indiana Jones/Han Solo de Harrison Ford, el Martin Riggs de Mel Gibson o este Robin Hood de Kevin Costner, podemos apreciar una cierta regresión hacia la faceta mas oscura del ser humano, una notable relevancia de las emociones mas duras y censurables y la psicología en su parte mas introspectiva y reflexiva. Es por ello que revisitar una película como Robin Hood: príncipe de los ladrones (Robin Hood: prince of thieves, 1991) hace que nos recorra una ligera sensación de perdida, y nos haga decir aquella frase tan manida de “ya no se hacen pelis como esta”. Y es que, en cierto modo, es verdad.


La frescura, el atrevimiento, las pocas pretensiones, el sentido del humor y la aventura en mayúsculas son lo que mejor define al film de Kevin Reynolds. Este intentará alejarse estética y formalmente de las anteriores interpretaciones del personaje, grabadas en el imaginario popular en las carnes de un Errol Flynn con mallas y pluma en el sombrero, aunque sin arriesgar demasiado en el intento, lo que la convierte en el necesario paso intermedio entre estas y la nueva e hiperrealista versión del personaje llevada a cabo por Ridley Scott, que lo acerca al prototipo de héroe actual al que me refería antes. La película nos muestra el clásico enfrentamiento entre el bien y el mal sin mascaras ni engaño alguno. Las cosas están claras desde el principio. Los héroes se desenvuelven en un entorno realista, demarcado por un contexto histórico autentico (las cruzadas son nombradas en numerosas ocasiones a lo largo de la película) y por los contratiempos mundanos que les acechan (el hambre, las dificultades de parto, los problemas entre hermanos); mientras que los villanos se ven inmersos en un claustrofóbico ambiente semifantástico en donde reinan los colores oscuros y las sombras y la principal consejera del sheriff de Nottingham es una vieja bruja con un ojo de cristal. Mientras que las emociones que se respiran en el bosque de Sherwood son el amor, la amistad, el compañerismo o el valor; en el castillo de Nottingham estas serán sustituidas por el odio, el rencor, la venganza y la envidia. Esta franqueza en el planteamiento es seguida también a nivel interpretativo. Los personajes no están construidos sobre detallados matices de personalidad sino sobre tópicos generales y generalizables, algo que en ningún momento atenta contra la integridad de la película sino todo lo contrario; permite al público la rápida identificación con los mismos y acelera el camino hacia lo que realmente importa, la aventura. Del reparto, poblado de caras conocidas como es de esperar dadas las características de la producción, destaca, como es habitual en él, Alan Rickman que hace de su sheriff de Nottingham un personaje exagerado, cómico y algo amanerado, haciendo de Johnny Depp antes incluso de que este hubiese inventado su particular marca de fabrica. La excelente música compuesta por Michael Kamen (con la introducción de la inevitable balada pop de moda a cargo de Bryan Adams) que sabe conjugar la acción con la épica de forma magistral termina de redondear el producto. Es una lastima que tras una década, a finales de los 80 y principios de los 90, haciéndose cargo de las bandas sonoras de algunas de las películas de acción/aventuras a las que me refería al principio: Arma letal (Letal weapon, 1987), Jungla de cristal (Die hard, 1988), El ultimo gran héroe (Last action hero, 1993) o El ultimo boy scout (The last boy scout, 1991), por poner solo unos pocos ejemplos de su vasto trabajo, este gran compositor, parezca no haber encontrado su lugar en el cine del siglo XXI, habiendo participado únicamente en una decena de proyectos, la mayoría de los cuales podrían considerarse menores en comparación con su trabajo anterior.


Toda esta aparente simplicidad no hacen de Robin Hood una película menor ni mucho menos, sino un mas que digno film de aventuras totalmente reivindicable y del que muchos cineastas actuales tendrían mucho que aprender (estoy pensando en Michael Bay o Louis Leterrier). Las escenas de acción están rodadas con un pulso firme y accesible, destacando entre ellas el inevitable duelo final entre Robin y el sheriff de Nottingham, lleno de tropiezos, caídas, empujones y piruetas varias que lo asemejan mas a una divertida pelea de patio de colegio que a un concluyente duelo final. El tema mas trascendente del film (el único podríamos decir) es sin duda el discurso pro-hermanamiento de las religiones esgrimido principalmente mediante el personaje de Azeem (Morgan Freeman) que, a pesar de todo esta tratado de una forma demasiado tangencial como para representar un peso importante en el resultado total del largometraje.


Robin Hood: príncipe de los ladrones supone pues una entretenida propuesta que se aleja de las ingenuas adaptaciones anteriores pero sin llegar a la extrema objetividad de la película de Scott. Una película de esas que ya no se hacen, porque los tiempos han cambiado, pero de las que aún podemos disfrutar sin por ello dejar de lado nuestra particular visión crítica sobre el mundo.

Robin Hood: príncipe de los ladrones - Ficha


USA, 1991
T.O.: Robin Hood: prince of thieves.
Director: Kevin Reynolds.
Guión: John Watson y Pen Densham sobre una historia de Pen Densham.
Productores: Pen Densham, Richard Barton Lewis, John Watson y Kevin Costner.
Producción: Warner BROS. Pictures y Morgan Creek Productions.
Fotografía: Douglas Milsome en color.
Diseño de produccion: John Graysmark.

Dirección artistica: Fred Carter
Diseño de vestuario: John Bloomfield.
Montaje: Meter Boyle.
Duración: 143 minutos.

Estreno USA: 14 de Junio de 1991

Estreno España: 21 de Junio de 1991

Presupuesto estimado: $50,000,000

Interpretes: Kevin Costner (Robin Hood), Morgan Freeman (Azeem), Mary Elisabeth Mastrantonio (Marian Dubois), Christian Slater (Will Scarlett), Alan Rickman (Sheriff de Nottingham), Geraldine McEwan (Mortianna), Michael McShane (Friar Tuck), Michael Wincott (Guy of Gisborne), Nick Brimble Little John).


Argumento:

Cuando Robin de Locksley vuelva de las cruzadas a su tierra natal se encontrará con que el Sheriff de Nottingham y sus secuaces se estan apoderando de esta a base de explotar a los ciudadanos ante la ausencia del rey. Robin se unirá a una banda de bandidos y los liderará hasta la libertad.


lunes, 17 de mayo de 2010

'Los cronocrímenes' fetichismo a través del tiempo.

Nacho Vigalondo es la prueba viviente de que existen en España directores con puntos de vista originales, con planteamientos artísticos digamos “fuera de lo establecido”, y con una calidad técnica, si bien, aun no probada, si intuida, y sobre los que la industria cinematográfica española pasa por alto sin tan siquiera detenerse a echar un vistazo, robándonos la posibilidad a los espectadores de valorar el interés (o desinterés) de sus propuestas. Los Cronocrímenes (2007) fue vista por primera vez en España dentro del marco del festival de Sitges en su edición de 2007 y tras esto fue galardonada con premios en numerosos festivales y nominada en otros tantos, incluyendo las nominaciones a mejor película en el festival de Sitges y a mejor director novel en nuestros queridos/odiados Goya. Aún así haciendo gala de una ceguera cinematográfica harto vergonzosa fue “estrenado en salas españolas” el 27 de Junio de 2008, y pongo esto entre comillado porque la película solo pudo verse en determinadas ciudades y en determinadas salas, protagonizando un paso por carteleras prácticamente oculto y totalmente ignorado. Aún así la película llamó la atención de Hollywood, siempre al acecho de nuevas historias que poder fagocitar y reestrenar tras un buen lavado de cara y la consabida americanización de estilo y contenidos, y ya esta en marcha el desarrollo de Timecrimes, con fecha prevista de estreno en 2011. Probablemente, la americana tendrá mas éxito y mas reconocimiento en nuestra tierra que la española, así que no están de mas todas las palabras que podamos dedicarle a la cinta de Nacho Vigalondo, que sin ser una película redonda, si contiene un punto de partida original y un guión inteligente, lo cual es menos habitual de lo que parece y es de agradecer.


Estamos acostumbrados a ver películas de viajes temporales en las que sus protagonistas son transportados al pasado unos pocos años (The time machine, 2002) o decenas de años (Back to the future, 1985), por lo general para arreglar algo del presente con lo que sus protagonistas están disconformes. En unas, los protagonistas consiguen su objetivo cambiando elementos o acciones del pasado para solucionar el futuro del que vienen y otras, mas fatalistas, nos enseñan (como dice el titulo del episodio 5.11 de Lost, Whatever happened, happened, 2009) que lo hecho, hecho está y que los intentos por cambiarlo no harán sino empeorar las cosas. Los cronocrímenes pertenece a este último grupo en tanto las acciones de Héctor (Karra Elejalde) se presentaran totalmente inútiles de cara a solucionar la tragedia. Pocas veces se nos ha mostrado el destino de una forma tan aciaga e irresoluble y es, en esa imposibilidad trágica del protagonista y en sus consiguientes y fallidos intentos de solución donde se encuentra uno de los puntos fuertes del filme de Vigalondo, acentuado en el hecho de que el personaje no viaja al pasado para solucionar nada, sino por puro accidente. El protagonista parte de una situación en apariencia agradable, se acaba de mudar de casa y tiene una feliz relación con su mujer, para caer atrapado en una espiral de la que difícilmente podrá salir. Parece por tanto, casi cómico el momento en el que Héctor, tras su primer viaje, se entere (y con él, el espectador) de que se encuentra poco mas de una hora antes en el tiempo del momento en el que partió. Acostumbrados pues a viajes en el tiempo a lo largo de muchos años, parece pues, poco probable que pueda cimentarse algo a nivel dramático sobre una premisa tan simple como es un viaje accidental de poco mas de una hora hacia el pasado. Es, por lo tanto, sorprendente la historia que viene a continuación, con las dosis adecuadas de tensión y drama y por supuesto, con un crimen que habrá que resolver (o no).


A pesar de lo inteligente y bien hilvanado del guión (casi un encaje de bolillos por su dificultad), escrito por el propio director, este, está basado en una serie de inconsistencias sobre las que se apoya la historia y sin las cuales no podría seguir adelante (cf. la confianza con la que sigue las ordenes que le indica la voz de un desconocido a través de un walkie, la cantidad a todas luces innecesaria de venda en la herida del brazo, sin la cual no sería posible la transformación del villano de la cara vendada). Estos pequeños sinsentidos restan credibilidad a una obra que por otro frente se ve atacada por una manifiesta carencia de recursos que hacen que la película roce en ocasiones la serie B, algo a lo que no ayuda la desganada interpretación de Karra Elejalde ni del propio Vigalondo, claramente mejor director que interprete, o la escasez de escenarios en los que se desarrolla la acción.


Pasando por alto los fallos comentados, la película tiene algunos aciertos que la hacen ganar unos cuantos enteros. La imagen del villano es sin duda lo mejor de la película, sirve como imagen promocional del filme y le da a este una personalidad reconocible y distinguible de otras películas de temática similar. El fetichismo que envuelve toda la película es otro de ellos. Todos los personajes tienen un fetiche con el que sentirse identificados y que sirve de concepto definitorio de sus distintas personalidades. Héctor con sus prismáticos siempre a cuello, al fin y al cabo, es su faceta de mirón la que acabará provocando todo lo que venga a continuación. Pocas veces veremos al joven (Nacho Vigalondo) lejos de su maquina del tiempo. El joven estará presente cada vez que Héctor emprenda un viaje y cada vez que llegue a “su destino”, podríamos decir, recurriendo de nuevo a Perdidos (no obstante los creadores de la serie han reconocido públicamente la influencia del filme de Vigalondo en su quinta temporada), que el joven es la constante necesaria para los viajes de Héctor a través del tiempo, como Penny lo fue para Desmond en uno de los mejores capítulos de la serie (4.05 The Constant, 2008). En cuanto a la chica (Bárbara Goenaga), ella misma representa el fetiche definitivo, pues si bien es el momento voyeur de Héctor el que provoca todo el problema, es a la chica a quien Héctor mira y por quien se adentra en el bosque, es a ella a la que está mirando cuando es atacado por primera vez y es a ella a quien utilizará, como si de un objeto se tratase, para arreglar las cosas después del trágico accidente, acción esta, dulce ironía, que acabará provocando a su vez, el trágico accidente.


Vigalondo no ha resultado ser la gran revelación que muchos esperaban tras la nominación al oscar al mejor cortometraje por 7:35 de la mañana (2003) en 2005. Probablemente esto, unido a su interés por el fantástico han provocado que no se le preste toda la atención que merece. Sin duda lo que sí ha demostrado es ser un director competente y con una personalidad muy marcada, con una propuesta original y fresca y con un saber hacer más que correcto. Esperemos que su nueva película (de la que recientemente ha desvelado el argumento) reciba el trato que merece y le permita demostrar unas habilidades que en Los cronocrímenes han quedado tan solo apuntadas.

Los cronocrímenes - Ficha


España, 2007
Director: Nacho Vigalondo.
Guión: Nacho Vigalondo.
Productores: Eduardo Carneros, Esteban Ibarretxe, Javier Ibarretxe.
Producción: Karbo Vantas Entertainment y Ibarretxe & Co. S.L..
Fotografía: Flavio Martínez Labiano en color.
Dirección artística: Jose Luis Arrizabalaga y Arturo García ’Biaffra’.
Departamento de sonido: Qizhen Lai.

Montaje: Jose Luis Romeu.

Musica Original: Chucky Namanera
Duración: 92 minutos.

Estreno España: 27 de Junio de 2008

Presupuesto estimado: $2,600,000

Interpretes: Karra Elejalde (Hector), Candela Fernandez (Clara), Barbara Goenaga (La chica en el bosque), Nacho Vigalondo (el joven).


Argumento:

Héctor es un hombre corriente que se verá envuelto en una trama criminal a través del tiempo cuando accidentalmente vea a una chica desnuda en el bosque a través de sus prismáticos. ¿Quien es el hombre de la cara vendada que le persigue? ¿Es él quien ha cometido el asesinato? O si no ¿Quién?


viernes, 14 de mayo de 2010

'Ciudad de vida y muerte' crueldad y belleza en una China en guerra.

¿Cómo se puede llegar a una situación en la que para una prostituta, comer un caramelo, sea algo extraño por inusual y que a la vez le aporte una inmensa alegría? Esta es una de las preguntas que Lu Chuan parece querer responder con Ciudad de vida y muerte (Nanjing! Nanjing!, 2009), una cruda reconstrucción de lo acaecido en Nanking, a la sazón, capital de china, cuando el ejercito imperial japonés la invadió en 1937. El ejercito invasor diezmó a la población de la ciudad, violó a sus mujeres, maltrato a sus ciudadanos y masacró a sus soldados de las formas mas crueles imaginables. Todo esto es mostrado por Lu Chuan en un bellísimo blanco y negro que realza, mas si cabe el realismo y la crueldad del filme, tal y como ya hiciera en 1993 Steven Spilberg en La lista de Schindler (Schindler’s list, 1993).


Ciudad de vida y muerte es una película contemplativa y reflexiva, con unas pocas escenas bélicas (diferenciadas del resto en la fase de montaje mediante planos cortos rápidamente superpuestos), que dedica sus casi dos horas y media de metraje a mostrar las atrocidades cometidas en la ciudad que le da nombre. En la película podemos encontrar algunas de las mas crudas y originales imágenes vistas en los últimos años (cf. el plano en el que se ve al piloto de tanque de pie, y como le sale humo de los múltiples agujeros que tiene en la espalda).


Es una película de miradas más que de palabras. El director se basa en los ojos de sus actores para mostrar las terribles consecuencias de la guerra. Es curioso que la mirada de uno de los soldados japoneses sea casi idéntica a la mirada de Martin Sheen en su interpretación del capitán Willard en Apocalypse Now (Id. 1979). Refleja aquí, igual que en la película de Coppola, el particular viaje al horror del protagonista, que en determinado punto de la película dirá de forma fatalista: “La vida es mas difícil que la muerte”. Inmediatamente después se pegara un disparo en la cabeza.


Maravilloso es el uso del sonido por parte de Chuan. El sonido de las balas y los obuses explotando crean la sinfonía perfecta para marcar el ritmo en las escenas de guerra, ante la ausencia casi total de música existente en la película. Durante el resto de la cinta, el silencio mas absoluto será el que acapare la mayor parte de la atención convirtiéndose así en la verdadera banda sonora del filme. La única excepción a esto es la escena del baile casi al final de la película en la que una percusión rítmica e hipnotizante remarca una de las más intensas secuencias del filme.


Lu Chuan hace gala de un sentido estético envidiable en su forma de filmar las masacres cometidas por el ejército japonés, sin caer en ningún momento en lo gore y la sangre fácil. Haciendo que nos quedemos repugnados y maravillados al mismo tiempo viendo como los soldados chinos caen, de forma literal, en oleadas mientras son ametrallados por los japoneses, en otra secuencia excelentemente montada, que muestra las múltiples maneras del ejercito japonés para librarse de sus adversarios.

La película esta sobrevolada por una dimensión épica presente tanto en lo visual como en los personajes. El soldado rebelde que mantiene viva la resistencia en la ciudad. El embajador alemán luchando por salvar las vidas de cuantos chinos sea posible. El niño siempre fiel, que contagia su valentía a todos los chinos. El soldado japonés, enamorado de una prostituta, que ve crecer la crueldad de sus propios compañeros. Todos ellos son personajes muy bien construidos que sostienen un intenso filme a pesar de que el protagonismo no recaiga en ninguno de ellos, y recaiga en todos ellos a la vez.


Lu Chuan firma un film bélico con sensibilidad y garra al mismo tiempo, que nos muestra la peor cara de la guerra, pero tambien la mejor, una película excelente tanto en lo artístico (la película comienza con un soldado japonés en la trinchera a punto de entrar en la ciudad y acaba con la risa de felicidad de un niño ya libre) como en lo técnico (juega con la profundidad de campo de una forma magistral) que lo sitúa al mismo nivel que otros grandes directores orientales actuales.


Ciudad de vida y muerte es probablemente una de las películas mas tristes y bellas que podrán verse en mucho tiempo.

Ciudad de vida y muerte - Ficha


China, 2009
T.O.: Nanjing! Nanjing!.
Director: Chuan Lu.
Guión: Chuan Lu.
Productores: John Chong, Sanping Han, Hong Qin, Andy Zhang, Li Zhou.
Producción: China Film Group, Jiangsu Broadcasting System, Media Asia Films, Stellar Megamedia.
Fotografía: Yu Cao en blanco y negro.
Diseño de produccion: Yi Hao.
Departamento de sonido: Qizhen Lai.

Montaje: Yun Teng.
Duración: 132 minutos.

Estreno China: 22 de Abril de 2009

Estreno España: 21 de Septiembre de 2009

Presupuesto estimado: $12,000,000

Interpretes:Ye Liu (Lu Jianxiong), Yunyuan Gao (Miss Jiang), Hideo Nakaizumi (Kadokawa), Wei Fan (Mr. Tang), Yiyan Jiang (Xiao Jiang), Ryu Kohata (Ida), Bin Liu (Xiaodouzi), John Paisley (John Rabe), Beberly Peckous (Minnie Vautrin), Lan Qin (Mrs. Tang), Sam Voutas (Durdin), Di Yao (Tang Xiaomei), Yisui Zhao (Shunzi).


Argumento:

La película narra los sucesos ocurridos en la ciudad de Nanking, tras la invasión japonesa en 1937. Los días posteriores se conocen como “la masacre de Nanking” debido a las brutalidades cometidas por el ejercito imperial apones para con los habitantes de la ciudad china.


martes, 11 de mayo de 2010

'Yojimbo' y 'Last man standing', del Japón de los samurais a la frontera con Méjico.

Corre el año 1860, un samurai que se llama a si mismo Kuwabatake (campo de moreras), de nombre Sanjuro (el que tiene 30 años) llega a un pequeño pueblo en el que dos bandos rivales mantienen divididos a sus habitantes. Con el objetivo de conseguir un dinero fácil como mercenario, Sanjuro comenzara a trabajar para las dos bandas, engañándolas a ambas hasta hacer que ambos grupos se maten entre ellos.


Ley seca en Estados Unidos. La frontera con Méjico. Un fugitivo que se identifica a si mismo como John Smith llega al solitario pueblo de Jericho y comienza a enemistar a las dos bandas que lo controlan, hasta acabar con todos ellos.


La primera historia corresponde a Yojimbo (Id. 1961) de Akira Kurosawa protagonizada por Toshiro Mifune y Tatsuya Nakadai, la segunda a su remake estadounidense, Last man standing (Id. 1996) de Walter Hill, con Bruce Willis y Christopher Walken. Dos películas extremadamente similares pero con ciertas diferencias fundamentales que desequilibraran la balanza de forma incuestionable hacia el filme original. Sergio Leone dirigió también un remake de forma oficiosa (es decir que no pago los derechos de autor correspondientes) que le costo los consabidos problemas legales. Esta película se llamó Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari, 1964) e iniciaría la conocida en España como Trilogía del Dólar pero, dada su libre interpretación del guión original y su calificación de no-oficial la dejaremos apartada hasta otro día. Centrémonos pues, en los dos filmes que nos ocupan.


En Yojimbo, cuando Sanjuro llega al pueblo, dos bandas lo dominan, y como dice el viejo posadero que lo acoge y repetirá, mas o menos con las mismas palabras, el Marshall que llega a pueblo en Last man standing: “no se puede evitar que haya un jefe en la ciudad, pero que haya dos es un desastre”. Aquí se plantea la primera diferencia entre ambos filmes, mientras que en el de Kurosawa es el pueblo, representado en la figura del posadero, el que le pide al protagonista que se vaya lo antes posible sabedor de que si se queda se producirá un incremento de la violencia, en la película de Hill, el pueblo permanece resignado ante la violencia que les rodea y son los matones de una de las bandas los que intentan echar al protagonista de la ciudad. Esto tiene su importancia, pues dada la indiferencia de los habitantes de Jericho, resulta difícil de creer el cambio que darán algunos de ellos ayudando a Smith en la última parte de la película, cambio que en la película de Kurosawa, no resulta tan llamativo. Pues, aunque en principio rechacen a Sanjuro, tienen un deseo claro de acabar con la violencia en el pueblo, deseo que ve incrementadas sus probabilidades de éxito conforme el samurai comienza con sus actividades entre ambas bandas, hecho que inclinara la balanza y hará que algunos habitantes acaben prestándole su ayuda.


La naturaleza de las bandas es también diferente en ambos filmes, mientras que en Yojimbo, una banda ha salido de la otra mediante la deserción de uno de sus miembros, en Last man standing una banda esta formada por gangsters americanos y la otra por la mafia italiana venida de Chicago. Este es, sin embargo, el primer gran acierto del filme de Walter Hill, la mezcla de dos géneros como son el cine de Gangsters y el Western (genero que ya puede verse, aunque de forma encubierta, en Yojimbo) en una misma película da un resultado inesperado pero positivo, que conjuga muy bien con el tono de la película. A pesar de esta pequeña diferencia, las bandas en ambos filmes están formadas por casi los mismos personajes y es precisamente, al salir de las bandas e introducirnos en el microcosmos formado por el resto de habitantes del pueblo cuando podemos apreciar las mayores diferencias entre ambas propuestas. Para empezar en el filme de Akira Kurosawa, una de los grupos rivales esta apoyado por el fabricante de seda y el otro por el productor de cerveza en otro ejemplo de la implicación de los ciudadanos en el devenir de su pueblo, cosa que no ocurre en el remake de Walter Hill.


El posadero es sin duda uno de los personajes con más peso en ambos filmes. Aunque mientras que en Yojimbo hace las veces de centro moral e inamovible sobre el que orbitan los demás personajes, sin verse afectado por la acción, hasta el momento en el que él mismo decide tomar partido, en Last man standing, este personaje posee un desarrollo algo errático que le resta credibilidad, siendo un pobre loco al principio del filme y un personaje mucho mas sensato y cuerdo al final cuando se propone ayudar a Smith. El funerario por su parte, centro de la envidia del cantinero de Yojimbo, sufre también una disolución en sus características esenciales y en su aportación a la historia de un filme a otro. En la película de 1961 es un personaje cobarde que se aprovecha de la situación haciendo negocio fabricando ataúdes hasta el momento en el que deja de tener trabajo, pues, como él mismo dice: “cuando una pelea crece tanto, ya no les importan los ataúdes”. En su versión de 1996, queda reducido a un par de escenas, algo cómicas en las que saluda al protagonista desde el otro lado del cristal de su negocio, agradeciéndole el incremento de muertes acaecido desde su llegada. El sheriff es quizás el personaje más distinto entre ambas versiones. En la de Kurosawa es un hombre loco, que se balancea entre una banda y otra, haciendo de mascota de ambas, intentando ganar algo de dinero, rapiñando como un buitre los restos del enfrentamiento. En el filme de Hill, el sheriff es un hombre cuerdo, que hace tiempo que se vendió a la corrupción de la ciudad pero que en ultimo momento encuentra una salida ayudando a Smith aunque siempre desde una posición algo alejada, y en gran parte empujado por la situación y no debido a un impulso moral propio.


Muy diferente es también el papel de las mujeres en ambos filmes. En Yojimbo la mujer del jefe de una de las bandas es una fémina manipuladora y cruel que tiene bajo su mando a su marido y mediante él a toda la banda. En momentos de enfrentamiento, azuza a los sicarios con un palo para que combatan con el enemigo. En la película de 1996 todas las mujeres giran en torno al personaje de Bruce Willis no teniendo razón de ser en el guión si no es por y para él. Siguiendo uno de los tópicos del cine de acción norteamericano de los años 90, el sheriff le dice a Smith en un momento de la película: “Creo que adivine tu debilidad. Cuando fracases será por una mujer”. Las mujeres aquí se convierten en mero elemento decorativo y algo demagógico sin ningún poder real sobre la trama, incluso la mujer a la que Sanjuro/Smith salva, cambia su función de un filme a otro. Aunque ambos rescates ocurren de la misma forma, a ambas mujeres les da el dinero conseguido de su mismo captor, y a ambas las incita para que huyan; la mujer salvada por Sanjuro constituye el primer elemento de cambio en el comportamiento del protagonista que nos hace dudar de si su verdadero objetivo es conseguir dinero fácil o combatir la injusticia, en la medida en que, una vez salvada, la reúne con su marido y su hijo para que huyan juntos. En Last man standing, por el contrario, queda la sospecha, bastante fundada de que el protagonista salva a la mujer por un simple (y algo platónico) interés romántico.


Los únicos personajes, pues, que permanecen fieles de un filme a otro son el protagonista, y el experto mercenario que trabaja para una de las bandas y que resultara ser la única amenaza real que tendrá que afrontar Sanjuro/Smith. A este respecto, es justo resaltar, la interpretación de Christopher Walken como Hickey en el filme de Walter Hill, siendo los momentos que este comparte con Willis de lo mejor de la cinta (cf. el primer encuentro entre Smith y Hickey). Asimismo, Hill sabe construir una intriga y un misterio sobre la figura de Hickey antes de su primera aparición, que estaban ausentes en el filme de Kurosawa.


Contemplado en su conjunto, el plantel protagonista de Yojimbo esta formado por una serie de personajes, algo tópicos y someramente dibujados sobre el papel, pero que sin embargo, dotan al filme de una vida de la que carece su descendiente, el cual esta sustentado únicamente por los personajes de Bruce Willis y Christopher Walken, quedando el resto del reparto a una altura muy inferior, en parte debido a la pobre interpretación de este y en parte debido al escaso trabajo realizado sobre este aspecto en el guión. La resumida pero acertada descripción de los personajes en Yojimbo, se convierte en una falta de definición en la cinta de Walter Hill.


Otro elemento que se hecha en falta en la versión de 1996 es el sentido del humor que Akira Kurosawa sabe imprimir en su película. Uno de los mejores momentos del filme a este respecto es cuando las dos bandas, a punto de enfrentarse, avanzan y retroceden a lo largo de la calle, amagando pero sin atreverse a atacar, mientras Sanjuro, instigador del enfrentamiento, lo contempla todo desde una atalaya. El no-enfrentamiento concluye con el aviso de llegada de un inspector de policía al pueblo, con lo que sendos jefes dan ordenes a sus subordinados para que se escondan y hagan parecer a la ciudad, una localidad corriente y respetable. Otra escena con gran sentido del humor, es la que acontece en la cantina una vez se ha ido el inspector, cuando la mujer de uno de los jefes y el hermano del otro discuten por ver quien invita a beber a Sanjuro y así estrecha lazos con él. No es que Last man standing carezca de humor (cf. la escena de sexo con la prostituta charlatana) pero son pequeñas dosis distribuidas en escenas concretas en contraposición con el aire de comedia que sobrevuela constantemente la cinta de Kurosawa.


Las escenas de acción, son sin duda otro punto a favor de Yojimbo, Akira Kurosawa, claramente mejor director que Walter Hill, rueda las escenas de acción con un pulso y una moderación de la que carece Hill que, nuevamente acosado por el cine de acción de los 90 nos presenta unos enfrentamientos rápidos y carentes de ritmo, basados en ver quien vacía antes el cargador. Baste como ejemplo la escena del local en llamas y la masacre que acontece a manos de una de las bandas. Mientras que en Yojimbo se convierte en una de las escenas más intensas de la película dando por finalizado el enfrentamiento entre ambas facciones, en Last man standing vemos una escena de poco mas de dos minutos, filmada con unas molestas superposiciones de planos y cuyo único interés consiste en ver cuerpos quemándose mientras son agujereados a balazos.


Sin duda Last man standing tiene algunos aciertos como son la elección mas que acertada de Bruce Willis y de Christopher Walken como protagonistas del filme, una correcta utilización de las luces y las sombras, el ambiente de western en el que tiene lugar la acción, y la incertidumbre en la que mantiene al espectador, al no ser consciente, durante buena parte del filme, de los tejemanejes que se lleva entre manos John Smith. En el filme de Kurosawa, esta incertidumbre es cortada antes incluso de empezar, cuando Sanjuro, nada mas llegar al pueblo, le cuenta al posadero sus planes. Lamentablemente, todos estos elementos no compensan en la película de Hill la innecesaria y molesta voz en off del protagonista que se dedica a contar durante toda la película lo mismo que el espectador esta viendo en pantalla.


El de Kurosawa es un filme sobre la bajeza humana, la justicia, el honor, la corrupción en el poder y sobre como las personas más simples son generalmente, las más humanas. Estos elementos se ven difuminados (entre una ingente cantidad de disparos) en el filme de Hill, debido en parte a la pobre adaptación de guión y en parte también a la conformista y poco personal realización de su director. Quizás si Walter Hill hubiera realizado más cambios en el guión hubiera conseguido un proyecto más personal sobre el que aportar su indudable talento cinematográfico, sin embargo, su película resulta una adaptación casi calcada que de hecho elimina algunos de los aciertos del guión original. Viendo la calidad del filme original, esta adaptación, pues se presenta totalmente innecesaria. En todo caso, es grande el riesgo que corrió Walter Hill realizando un remake de una película de Akira Kurosawa, y más aun, siendo esta una de las más conocidas del director japonés. Aunque innecesaria, no quiere decir esto que Last man standing sea una mala película, que no lo es. Tratándola desde el contexto al que se adscribe, es una entretenida película de acción que probablemente se hubiera mirado con otros ojos de no arrastrar el lastre que supone el excelente filme del que es copia. El mayor merito atribuible al filme de Walter Hill es probablemente el hecho de que su película lleve a los espectadores (como hizo conmigo) hasta la película original, y les haga disfrutar así de una de las piezas clásicas del cine del japonés. Y si con este texto, un servidor ha conseguido lo mismo, este blog tendrá una razón de ser.