Una de las películas mas esperadas en la 34ª edición del Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF) celebrada entre el 10 y el 19 de septiembre del pasado año fue esta película del realizador danés Nicolas Winding Refn. Dos eran las razones para tamaña expectación. Primero, el trabajo anterior de su director, la trilogía Pusher (Pusher, 1996; Pusher II, 2004 y Pusher 3, 2005) y la reciente Bronson (Id, 2008) han recibido a lo largo del tiempo críticas muy positivas y hacían prometer que con el material del que partía esta vez, sería capaz de realizar una gran obra. Segundo, el material en sí, Valhalla Rising (Id. 2009) es una película de vikingos, un subgénero que, pese al fracaso de las películas adscritas al mismo estrenadas en años recientes o quizás debido a él, sigue atrayendo a gente a las salas; además viendo las imágenes promocionales y el trailer prometía ser una visión violenta, sucia y bastante inspirada del mundo vikingo sin dejar de lado la épica que requiere una película de sus características, encarnada en la imagen del protagonista, un guerrero mudo, feroz e implacable con una cicatriz donde debería tener un ojo.
Aquí se presenta el primer fallo de esta producción aunque no lo es tanto en el sentido de que no es culpa del director sino de la distribución. La película no es ni de lejos lo que se anuncia. A juzgar por lo visto en los carteles promocionales y en el trailer –mejor no hablemos de la caratula del DVD- nadie imagina el pausado viaje semi-espiritual a los confines de la locura humana que acaba resultando el film. Es este un problema que acusan muchas producciones actuales y que demuestra la falta de confianza de las distribuidoras en sus proyectos y la impresión por parte de las mismas de que el público no acudirá a las salas si no les ofrecen películas con altas dosis de acción y efectos especiales -algo que por otra parte, y desgraciadamente, quizás tampoco ande tan desencaminado-. El segundo fallo probablemente sea que Valhalla Rising ya era una pequeña obra maestra antes siquiera de que nadie la hubiese visto (algo también muy habitual hoy en día como demuestran 300 o Kick-ass aunque esta vez en mucho menor nivel). Era una película tan esperada por cierta parte de la crítica que la valoración de la misma estaba ya en parte escrita antes del estreno. Sin ir mas lejos en la propia página del TIFF se establecían referencias entre la película y la obra de grandes maestros como Akira Kurosawa o Sergio Leone. Pero ninguno de estos dos elementos –la engañosa publicidad y las altas expectativas- hacen de una película mala en sí misma –ni buena-, así que hagamos un ejercicio de abstracción y veámosla con nuestros propios ojos.

Valhalla Rising comienza con un niño (Marteen Stevenson) llevando agua a un esclavo que se encuentra en una jaula (Mads Mikkelsen), en las primeras escenas vemos como lo cuida lo alimenta y se encarga de pintarle la espalda antes del combate, casi con ternura. Inmediatamente después, formando parte de la misma extraña belleza contemplativa veremos al guerrero enfrentarse a una serie de enemigos en una suerte de arena romana al estilo vikingo y acabar con ellos de forma inmisericorde. Todo ello está rodado mediante una marcada estética basada en una espectacular fotografía de alto contraste y una composición de los planos rozando la perfección, lo que demuestra el magnifico trabajo llevado a cabo por el director de fotografía Morten Søborg, pero que no dice nada o mas bien poco de la labor de su director o de la calidad de la película en su conjunto. La cinta está dividida en 6 partes, cada una precedida de un rotulo con un nombre evocador (Ira, Infierno, El sacrificio), pero para este análisis me permitiré dividirla en tres partes claramente diferenciadas.
La primera comprende desde el principio hasta que el guerrero –que posteriormente será llamado one-eye- parte en el drakkar con los soldados cristianos. Esta es sin lugar a dudas la mejor parte del film. Contiene unas escenas de violencia descarnada, pero sin dejar que la acción sea el centro de la narración. Aquí se nos presenta al misterioso guerrero y vemos como pasa de la esclavitud a la libertad. Sin duda las mejores escenas del film están contenidas en estos primeros minutos. Se establece la relación entre One-eye y el niño y se presenta el escenario en el que parece que va a acontecer la acción. Los vikingos acosados por los guerreros cristianos -que son planteados aquí como seres salvajes y bárbaros que se comen a su propio dios-. En la pantalla predominan los tonos grises y el rojo de la sangre. Hasta aquí la película promete bastante. Una insólita película de vikingos realista e implacable que se diferencia de la visión aventurera a la que estamos acostumbrados. Al final One-eye se libera de sus captores y emprende la marcha con la presencia del chico siempre a su lado. Es en el momento en el que se cruza con un grupo de soldados cristianos que la cosa empieza a decaer. One-eye embarca con ellos rumbo a Tierra Santa y pronto se encuentran a la merced de unas aguas demasiado tranquilas y envueltos en una densa y misteriosa niebla. Todo lo bueno que había sido presentado en la primera parte es ahora arrojado por la borda. Los bellos paisajes que constituyan uno de los puntos fuertes del film desaparecen aquí para dejar paso a una espesa niebla que enloquece a los guerreros; también desaparece todo viso de acción o desarrollo dramático de la historia. Una larguísima escena a bordo del barco en la que se plantean ideas ligeramente espirituales que no encontrarán desarrollo posterior y en la que poco a poco la apatía se va apoderando de los personajes y del espectador. En la tercera parte, una vez llegados a tierra, el film intenta alcanzar el tono propuesto al principio pero sin llegar a conseguirlo en ningún momento, quedando muy por debajo y perdiéndose entre suposiciones pseudo-metafísicas y espirituales de lo más extrañas. A estas alturas de película el espectador lleva tiempo esperando a que pase algo que nunca pasará y es cuando se hace mas evidente que la película es una sucesión de planos, no sin sentido, pero sí sin ningún nexo de unión. Los escasos estallidos de acción que parecen sacar a la película de su sopor son sofocados casi antes de producirse, dando como resultado una película reprimida que parece en todo momento querer llegar a algo más pero sin obtener resultado. Las ralentizaciones y las visiones teñidas de rojo no ayudan lo mas mínimo. Es en sus pretensiones místicas y trascendentales donde la película falla estrepitosamente, debiendo haberse quedado en lo propuesto por su primera parte, que habría dado como resultado una película original, fresca y probablemente mucho mejor de lo que finalmente ha resultado.

Valhalla Rising es pues una extraña odisea de vikingos, una película reflexiva e introspectiva que podría haber dado mucho más de sí. Aun así hay que reconocerle a Nicolas Winding Refn lo arriesgado de su propuesta y la difícil clasificación de esta lo cual le da un punto positivo en cuanto a originalidad. Además, como ya se ha comentado mas arriba, el trabajo de fotografía es excelente y ya solo por eso merece la pena verla. Quizás sea esto lo que le ha valido los premios que se está llevando en los festivales a los que se está presentando, o quizás sea la impresionante primera parte, que tanto prometía y que tanto ha resultado engañar. Sin embargo, lamentablemente, la originalidad y la espectacularidad visual no hacen de esta, ni de ninguna otra, una buena película.









