martes, 11 de mayo de 2010

'Yojimbo' y 'Last man standing', del Japón de los samurais a la frontera con Méjico.

Corre el año 1860, un samurai que se llama a si mismo Kuwabatake (campo de moreras), de nombre Sanjuro (el que tiene 30 años) llega a un pequeño pueblo en el que dos bandos rivales mantienen divididos a sus habitantes. Con el objetivo de conseguir un dinero fácil como mercenario, Sanjuro comenzara a trabajar para las dos bandas, engañándolas a ambas hasta hacer que ambos grupos se maten entre ellos.


Ley seca en Estados Unidos. La frontera con Méjico. Un fugitivo que se identifica a si mismo como John Smith llega al solitario pueblo de Jericho y comienza a enemistar a las dos bandas que lo controlan, hasta acabar con todos ellos.


La primera historia corresponde a Yojimbo (Id. 1961) de Akira Kurosawa protagonizada por Toshiro Mifune y Tatsuya Nakadai, la segunda a su remake estadounidense, Last man standing (Id. 1996) de Walter Hill, con Bruce Willis y Christopher Walken. Dos películas extremadamente similares pero con ciertas diferencias fundamentales que desequilibraran la balanza de forma incuestionable hacia el filme original. Sergio Leone dirigió también un remake de forma oficiosa (es decir que no pago los derechos de autor correspondientes) que le costo los consabidos problemas legales. Esta película se llamó Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari, 1964) e iniciaría la conocida en España como Trilogía del Dólar pero, dada su libre interpretación del guión original y su calificación de no-oficial la dejaremos apartada hasta otro día. Centrémonos pues, en los dos filmes que nos ocupan.


En Yojimbo, cuando Sanjuro llega al pueblo, dos bandas lo dominan, y como dice el viejo posadero que lo acoge y repetirá, mas o menos con las mismas palabras, el Marshall que llega a pueblo en Last man standing: “no se puede evitar que haya un jefe en la ciudad, pero que haya dos es un desastre”. Aquí se plantea la primera diferencia entre ambos filmes, mientras que en el de Kurosawa es el pueblo, representado en la figura del posadero, el que le pide al protagonista que se vaya lo antes posible sabedor de que si se queda se producirá un incremento de la violencia, en la película de Hill, el pueblo permanece resignado ante la violencia que les rodea y son los matones de una de las bandas los que intentan echar al protagonista de la ciudad. Esto tiene su importancia, pues dada la indiferencia de los habitantes de Jericho, resulta difícil de creer el cambio que darán algunos de ellos ayudando a Smith en la última parte de la película, cambio que en la película de Kurosawa, no resulta tan llamativo. Pues, aunque en principio rechacen a Sanjuro, tienen un deseo claro de acabar con la violencia en el pueblo, deseo que ve incrementadas sus probabilidades de éxito conforme el samurai comienza con sus actividades entre ambas bandas, hecho que inclinara la balanza y hará que algunos habitantes acaben prestándole su ayuda.


La naturaleza de las bandas es también diferente en ambos filmes, mientras que en Yojimbo, una banda ha salido de la otra mediante la deserción de uno de sus miembros, en Last man standing una banda esta formada por gangsters americanos y la otra por la mafia italiana venida de Chicago. Este es, sin embargo, el primer gran acierto del filme de Walter Hill, la mezcla de dos géneros como son el cine de Gangsters y el Western (genero que ya puede verse, aunque de forma encubierta, en Yojimbo) en una misma película da un resultado inesperado pero positivo, que conjuga muy bien con el tono de la película. A pesar de esta pequeña diferencia, las bandas en ambos filmes están formadas por casi los mismos personajes y es precisamente, al salir de las bandas e introducirnos en el microcosmos formado por el resto de habitantes del pueblo cuando podemos apreciar las mayores diferencias entre ambas propuestas. Para empezar en el filme de Akira Kurosawa, una de los grupos rivales esta apoyado por el fabricante de seda y el otro por el productor de cerveza en otro ejemplo de la implicación de los ciudadanos en el devenir de su pueblo, cosa que no ocurre en el remake de Walter Hill.


El posadero es sin duda uno de los personajes con más peso en ambos filmes. Aunque mientras que en Yojimbo hace las veces de centro moral e inamovible sobre el que orbitan los demás personajes, sin verse afectado por la acción, hasta el momento en el que él mismo decide tomar partido, en Last man standing, este personaje posee un desarrollo algo errático que le resta credibilidad, siendo un pobre loco al principio del filme y un personaje mucho mas sensato y cuerdo al final cuando se propone ayudar a Smith. El funerario por su parte, centro de la envidia del cantinero de Yojimbo, sufre también una disolución en sus características esenciales y en su aportación a la historia de un filme a otro. En la película de 1961 es un personaje cobarde que se aprovecha de la situación haciendo negocio fabricando ataúdes hasta el momento en el que deja de tener trabajo, pues, como él mismo dice: “cuando una pelea crece tanto, ya no les importan los ataúdes”. En su versión de 1996, queda reducido a un par de escenas, algo cómicas en las que saluda al protagonista desde el otro lado del cristal de su negocio, agradeciéndole el incremento de muertes acaecido desde su llegada. El sheriff es quizás el personaje más distinto entre ambas versiones. En la de Kurosawa es un hombre loco, que se balancea entre una banda y otra, haciendo de mascota de ambas, intentando ganar algo de dinero, rapiñando como un buitre los restos del enfrentamiento. En el filme de Hill, el sheriff es un hombre cuerdo, que hace tiempo que se vendió a la corrupción de la ciudad pero que en ultimo momento encuentra una salida ayudando a Smith aunque siempre desde una posición algo alejada, y en gran parte empujado por la situación y no debido a un impulso moral propio.


Muy diferente es también el papel de las mujeres en ambos filmes. En Yojimbo la mujer del jefe de una de las bandas es una fémina manipuladora y cruel que tiene bajo su mando a su marido y mediante él a toda la banda. En momentos de enfrentamiento, azuza a los sicarios con un palo para que combatan con el enemigo. En la película de 1996 todas las mujeres giran en torno al personaje de Bruce Willis no teniendo razón de ser en el guión si no es por y para él. Siguiendo uno de los tópicos del cine de acción norteamericano de los años 90, el sheriff le dice a Smith en un momento de la película: “Creo que adivine tu debilidad. Cuando fracases será por una mujer”. Las mujeres aquí se convierten en mero elemento decorativo y algo demagógico sin ningún poder real sobre la trama, incluso la mujer a la que Sanjuro/Smith salva, cambia su función de un filme a otro. Aunque ambos rescates ocurren de la misma forma, a ambas mujeres les da el dinero conseguido de su mismo captor, y a ambas las incita para que huyan; la mujer salvada por Sanjuro constituye el primer elemento de cambio en el comportamiento del protagonista que nos hace dudar de si su verdadero objetivo es conseguir dinero fácil o combatir la injusticia, en la medida en que, una vez salvada, la reúne con su marido y su hijo para que huyan juntos. En Last man standing, por el contrario, queda la sospecha, bastante fundada de que el protagonista salva a la mujer por un simple (y algo platónico) interés romántico.


Los únicos personajes, pues, que permanecen fieles de un filme a otro son el protagonista, y el experto mercenario que trabaja para una de las bandas y que resultara ser la única amenaza real que tendrá que afrontar Sanjuro/Smith. A este respecto, es justo resaltar, la interpretación de Christopher Walken como Hickey en el filme de Walter Hill, siendo los momentos que este comparte con Willis de lo mejor de la cinta (cf. el primer encuentro entre Smith y Hickey). Asimismo, Hill sabe construir una intriga y un misterio sobre la figura de Hickey antes de su primera aparición, que estaban ausentes en el filme de Kurosawa.


Contemplado en su conjunto, el plantel protagonista de Yojimbo esta formado por una serie de personajes, algo tópicos y someramente dibujados sobre el papel, pero que sin embargo, dotan al filme de una vida de la que carece su descendiente, el cual esta sustentado únicamente por los personajes de Bruce Willis y Christopher Walken, quedando el resto del reparto a una altura muy inferior, en parte debido a la pobre interpretación de este y en parte debido al escaso trabajo realizado sobre este aspecto en el guión. La resumida pero acertada descripción de los personajes en Yojimbo, se convierte en una falta de definición en la cinta de Walter Hill.


Otro elemento que se hecha en falta en la versión de 1996 es el sentido del humor que Akira Kurosawa sabe imprimir en su película. Uno de los mejores momentos del filme a este respecto es cuando las dos bandas, a punto de enfrentarse, avanzan y retroceden a lo largo de la calle, amagando pero sin atreverse a atacar, mientras Sanjuro, instigador del enfrentamiento, lo contempla todo desde una atalaya. El no-enfrentamiento concluye con el aviso de llegada de un inspector de policía al pueblo, con lo que sendos jefes dan ordenes a sus subordinados para que se escondan y hagan parecer a la ciudad, una localidad corriente y respetable. Otra escena con gran sentido del humor, es la que acontece en la cantina una vez se ha ido el inspector, cuando la mujer de uno de los jefes y el hermano del otro discuten por ver quien invita a beber a Sanjuro y así estrecha lazos con él. No es que Last man standing carezca de humor (cf. la escena de sexo con la prostituta charlatana) pero son pequeñas dosis distribuidas en escenas concretas en contraposición con el aire de comedia que sobrevuela constantemente la cinta de Kurosawa.


Las escenas de acción, son sin duda otro punto a favor de Yojimbo, Akira Kurosawa, claramente mejor director que Walter Hill, rueda las escenas de acción con un pulso y una moderación de la que carece Hill que, nuevamente acosado por el cine de acción de los 90 nos presenta unos enfrentamientos rápidos y carentes de ritmo, basados en ver quien vacía antes el cargador. Baste como ejemplo la escena del local en llamas y la masacre que acontece a manos de una de las bandas. Mientras que en Yojimbo se convierte en una de las escenas más intensas de la película dando por finalizado el enfrentamiento entre ambas facciones, en Last man standing vemos una escena de poco mas de dos minutos, filmada con unas molestas superposiciones de planos y cuyo único interés consiste en ver cuerpos quemándose mientras son agujereados a balazos.


Sin duda Last man standing tiene algunos aciertos como son la elección mas que acertada de Bruce Willis y de Christopher Walken como protagonistas del filme, una correcta utilización de las luces y las sombras, el ambiente de western en el que tiene lugar la acción, y la incertidumbre en la que mantiene al espectador, al no ser consciente, durante buena parte del filme, de los tejemanejes que se lleva entre manos John Smith. En el filme de Kurosawa, esta incertidumbre es cortada antes incluso de empezar, cuando Sanjuro, nada mas llegar al pueblo, le cuenta al posadero sus planes. Lamentablemente, todos estos elementos no compensan en la película de Hill la innecesaria y molesta voz en off del protagonista que se dedica a contar durante toda la película lo mismo que el espectador esta viendo en pantalla.


El de Kurosawa es un filme sobre la bajeza humana, la justicia, el honor, la corrupción en el poder y sobre como las personas más simples son generalmente, las más humanas. Estos elementos se ven difuminados (entre una ingente cantidad de disparos) en el filme de Hill, debido en parte a la pobre adaptación de guión y en parte también a la conformista y poco personal realización de su director. Quizás si Walter Hill hubiera realizado más cambios en el guión hubiera conseguido un proyecto más personal sobre el que aportar su indudable talento cinematográfico, sin embargo, su película resulta una adaptación casi calcada que de hecho elimina algunos de los aciertos del guión original. Viendo la calidad del filme original, esta adaptación, pues se presenta totalmente innecesaria. En todo caso, es grande el riesgo que corrió Walter Hill realizando un remake de una película de Akira Kurosawa, y más aun, siendo esta una de las más conocidas del director japonés. Aunque innecesaria, no quiere decir esto que Last man standing sea una mala película, que no lo es. Tratándola desde el contexto al que se adscribe, es una entretenida película de acción que probablemente se hubiera mirado con otros ojos de no arrastrar el lastre que supone el excelente filme del que es copia. El mayor merito atribuible al filme de Walter Hill es probablemente el hecho de que su película lleve a los espectadores (como hizo conmigo) hasta la película original, y les haga disfrutar así de una de las piezas clásicas del cine del japonés. Y si con este texto, un servidor ha conseguido lo mismo, este blog tendrá una razón de ser.

Last man standing - Ficha


USA, 1996
T.O.: Last man standing.
Director: Walter Hill.
Guión: Walter Hill sobre una historia de Akira Kurosawa y Ryuzo Kikushima.
Productores: Walter Hill y Arthur M. Sarkissian.
Producción: Eclipse Catering, Lone Wolf y New Line Cinema.
Fotografía: Lloyd Ahern II en color.
Diseño de produccion: Gary Wissner.
Diseño de vestuario: Dan Moore.

Dirección artistica: Barry Chusid
Montaje: Freeman A. Davies.
Duración: 101 minutos.

Estreno USA: 20 de Septiembre de 1996

Estreno España: 30 de Octubre de 1996

Presupuesto estimado: $67,000,000

Interpretes: Bruce Willis (John Smith), Bruce Dern (Sheriff Ed Galt), William Sanderson (Joe Monday), Christopher Walken (Hickey), David Patrick Nelly (Doyle), Karina Lombard (Felina), Nd Eisenberg (Fredo Strozzi), Alexandra Powers (Lucy Kolinski), Michael Imperiole (Giorgio Carmonte), Ken Jenkins (Capt. Tom Pickett), R. D. Call (Jack McCool), Ted Markland (Deputy Bob), Leslie Mann (Wanda) Patrick Kilpatrick (Finn).


Argumento:

Un fugitivo solitario llega al pueblo de Jericó en la frontera con Méjico. Allí alquilara sus servicios como guardaespaldas para las dos bandas que controlan la localidad. Tras un tiempo trabajando a dos bandas conseguirá que se aniquilen unos a otros..


Yojimbo - Ficha


Japón, 1961
T.O.: Yojimbo.
Director: Akira Kurosawa.
Guión: Akira Kurosawa y Ryuzo Kikushima.
Productores: Akira Kurosawa.
Producción: Kurosawa Production Co. Y Toho Company.
Fotografía: Kazuo Miyagawa en blanco y negro.
Diseño de produccion: Yoshiro Muraki.
Diseño de vestuario: Yoshiro Muraki.
Montaje: Akira Kurosawa.

Musica original: Maseru Sato
Duración: 110 minutos.

Estreno Japón: 25 de Abril de 1961

Estreno USA: 13 de Septiembre de 1961

Interpretes: Toshiro Mifune (Sanjuro Kuwabatake), Tatsuya Nakadai (Unosuke), Yoko Tsukasa (Nui), Isuzu Yamada (Orin), Daisuke Kato (Inokichi), Seizaburo Kawazu (Seibei), Takashi Shimura (Yoichiro), Yosuke Natsuki (Kohei’s Son), Eijiro Tono (Gonji), Kamatari Fujiwara (Tazaemon), Ikio Sawamura (Hansuke).


Argumento:

En el año 1960 un solitario samurai llega a un solitario pueblo, separado por la guerra por el poder que mantienen sus dos principales lideres. El samurai, que se hace llamar Sanjuro, poco a poco provocara el enfrentamiento entre ambos rivales hasta conseguir que ambas bandas acaben aniquiladas.


sábado, 8 de mayo de 2010

'Two Lovers', la realidad del amor.


¿Qué es lo que hace que una película de la que nadie hablaba, esté en boca de todos? ¿Qué hace que una película que nadie esperaba acapare las paginas de las revistas mas influyentes (incluyendo la portada de Cahiers du Cinema. España)? Es una afortunada combinación de factores los que hacen que Two Lovers (Two lovers, 2008) se esté convirtiendo en uno de los fenómenos cinematográficos del año.


Nada hacía intuir que James Gray, conocido por sus thrillers sobre el mundo del crimen Cuestión de sangre (Little Odessa, 1994), La otra cara del crimen (The yards, 2000) y La noche es nuestra (We own the night, 2007), se desmarcaría con una sencilla pero contundente historia de amor a tres bandas como la que nos ocupa. Levemente inspirada en la novela Noches Blancas de Dostoyevski, la historia nos presenta a Leonard (Joaquin Phoenix), un joven con problemas mentales a quien su prometida dejo hace unos años por su incapacidad para tener hijos sanos, quien se enamora de la hija de su futuro jefe, Sandra (Vinessa Shaw), y de su destructiva vecina, Michelle (Gwyneth Paltrow). A partir de ahí el director nos mostrará los engaños (y autoengaños) que puede acometer un hombre enamorado y las consecuencias que esta situación tendrá en su vida y en la de su familia. James Gray se sirve del trastorno bipolar del protagonista como alegoría del estado mental del enamorado (“Una persona ligeramente maníaca sería una metáfora sobre cómo nos comportamos cuando estamos enamorados”. Entrevista a James Gray en Todo Cine) Un trastorno bipolar, que aunque se nombre en un par de ocasiones, tan solo es mostrado en pantalla a través de las diferentes (casi opuestas) características de las dos mujeres sobre las que se balancea Leonard. Sandra es dulce, calmada, sencilla, realmente está enamorada de él, y lo comprende y acepta con sus problemas y defectos. Michelle es una joven enérgica y autodestructiva que toma drogas como escape de una vida con la que no se identifica, un trabajo mediocre y una relación con un hombre casado con un futuro no muy claro. Leonard oscilará entre ambas mujeres alternando el amor con el engaño en ambas relaciones.


Two Lovers es una película de pequeños detalles. El detalle de Leonard quitando con las uñas el papel pegado a una farola mientras espera ansioso a la puerta de una discoteca. El detalle de asomar la cabeza por las escaleras de la estación de metro esperando ver a Michelle sin que esta lo vea a él. El detalle de bajar las cortinas de la habitación para llamar a Sandra una vez que cree que su relación con Michelle no tiene futuro. Pequeños detalles todos, que dicen mas de la personalidad de sus protagonistas que los mismos diálogos, y es que esta es una de esas películas en las que es mas importante lo que se enseña y como se enseña, que lo que se dice. James Gray coloca la cámara en una posición escondida para filmar desde la distancia, sin inmiscuirse en la acción, el primer encuentro de Leonard y Michelle en el tejado, y mas tarde, cuando tiene lugar el primer encuentro sexual de ambos, en el mismo escenario, son grabados a pocos metros de distancia, cámara en mano, subrayando la pasión y la agresividad contenida que acoge la escena. James Gray es capaz mediante una sencilla puesta en escena transmitir los sentimientos (que son muchos e intensos) de los personajes sin necesidad de grandes efectismos. A esto hay que sumar la excelente interpretación de su trío protagonista que mantiene el peso dramático de la historia de forma más que efectiva. Es de agradecer que finalmente Joaquin Phoenix no se retirase de la interpretación (para dedicarse únicamente a la música, como anunció no hace mucho) porque habríamos perdido a uno de los mejores actores del hollywood actual. Su interpretación de Leonard, un tipo trastornado, depresivo y algo patético, con un trabajo en la lavandería de su padre diametralmente opuesto a sus aspiraciones creativas como fotógrafo, es simplemente magnifico. Ya solo en su manera de andar o en el modo de recoger las manos para no mostrar las cicatrices de las muñecas, nos cuenta mucho más de su personaje de lo que podría contarnos con mil diálogos.


Two lovers retrata el amor en el mundo de hoy con una naturalidad y una sensibilidad envidiables. Nos muestra los sentimientos algo ruines, platónicos y engañosos de un enamorado con una crudeza que asusta. Con un final devastador, trágico en cierto modo, pero ante todo real, se erige como una de las pocas películas en tratar el romance desde un punto de vista adulto alejándose así de las populares comedias románticas que asedian las carteleras todos los meses.


Una película admirable que se convierte desde ya en uno de los mejores estrenos del año.

Two Lovers - Ficha


USA, 2008
T.O.: Two lovers.
Director: James Gray.
Guión: James Gray y Ric Menello.
Productores: James Gray, Donna Gigliotti y Anthony Katagas.
Producción: 2929 Productions y Tempesta Films.
Fotografía: Joaquín Baca-Asay en color.
Diseño de produccion: Happy Massee.
Diseño de vestuario: Michael Clancy.
Montaje: John Axelrad.
Duración: 110 minutos.

Estreno USA: 13 de Febrero de 2009

Estreno España: 14 de Mayo de 2010

Presupuesto estimado: $12,000,000

Interpretes: Joaquin Phoenix (Leonard Kraditor), Gwyneth Paltrow (Michelle Rausch), Vinessa Shaw (Sandra Cohen), Moni Moshonov (Reuben Kraditor), Isabella Rossellini (Ruth Kraditor), John Ortiz (Jose Cordero), Bob Ari (Michael Cohen).


Argumento:

Leonard es un joven con trastorno bipolar que vive con sus padres y trabaja en la lavandería de su padre. Un día conocerá a la hija de un amigo de su padre con la que empezará a salir. Los problemas vendrán cuando conozca a su vecina y se enamore de ella, comenzando una relación a dos bandas llena de engaños.


miércoles, 5 de mayo de 2010

'Cartas desde Iwo Jima', la guerra según Clint Eastwood (II)


Si en Banderas de nuestros padres (Flags of our fathers, 2006) Clint Eastwood nos mostraba las consecuencias de la guerra para tres soldados norteamericanos que tuvieron la suerte/desgracia de estar en un momento determinado en un determinado lugar; en Cartas desde Iwo Jima (Letters from Iwo Jima, 2006), nos muestra las consecuencias que tiene la misma guerra para el bando contrario, en este caso los japoneses, y especialmente sobre las tropas que defendieron la isla y que perdieron la vida allí.

Poco antes de la llegada de las tropas americanas a la isla, el general Kuribayashi (Ken Watanabe) es enviado a Iwo Jima para tomar el mando de la que Japón consideraba la última defensa de la nación. Kuribayashi es un general innovador y cultivado, formado en Estados Unidos y Canadá, que pronto se ganará el desprecio y la desconfianza por parte de los oficiales destacados en la isla debido a su forma de llevar las cosas, representante de la mentalidad occidental que ya comenzaba a asolar oriente antes de la guerra y que aterrizaría con mucha mas fuerza una vez finalizado el conflicto y que el resto de oficiales, tradicionales y con mentalidad cerradamente nipona no querrá aceptar. El único oficial con el que entablara amistad es el teniente coronel Barón Takeichi (Tsuyoshi Ihara), héroe nacional y medalla de oro en los juegos olímpico de Los Ángeles en 1932. Ambos hombres representan la apertura de mente del futuro Japón occidentalizado. Nada mas llegar a la isla, el General Kuribayashi detendrá la paliza que un oficial está propinando a dos soldados por no hacer bien su trabajo. Uno de estos soldados es Saigo (Kazunari Ninomiya) que pronto comenzara a sentir simpatía por el nuevo general y se vera inundado de su innovadora mentalidad. La película variara el protagonismo como si de un baile se tratase entre los tres personajes con total suavidad y casi sin que el espectador se de cuenta, evitando que ninguno acapare el centro de atención y dándole el protagonismo a las emociones que estos sienten mas que a las acciones que llevan a cabo y corrigiendo, así, el problema que Banderas de Nuestros Padres tenia en este aspecto. Labor que se ve facilitada por el buen hacer de unos interpretes magníficos que sienten su papel y lo transmiten a la pantalla. Mención especial para un iluminado Ken Watanabe en uno de los mejores papeles del año, muy por encima del Leonardo DiCaprio de Diamante de Sangre (Blood Diamond, 2006), del Will Smith de En busca de la felicidad (The pursuit of Happyness, 2006) o del Forest Whitaker de El ultimo rey de Escocia (The last king of Scotland, 2006), ganador del Oscar ese año.


Eastwood nos presenta así, la historia de unos personajes luchando contra las circunstancias mas adversas aun sabiendo desde el comienzo el final trágico al que están abocados. Tanto los soldados que defienden la isla como el propio país de Japón son conscientes de la derrota que les espera tras el horizonte, y, aún así, haciendo honor de la mentalidad nipona mas pura lucharán hasta el final por el honor y el recuerdo, elementos que resultaran finalmente de lo mas absurdos e irrelevantes cuando Saigo, un personaje que se pasa toda la película, huyendo de la guerra, recibiendo el calificativo de cobarde por parte de todos sus compañeros, sea el único que quede con vida, en una de las batallas con mas bajas de la segunda guerra mundial.

Existen pocos elementos en Cartas desde Iwo Jima que la relacionen con su hermana y predecesora Banderas de nuestros padres. A parte del contexto histórico y espacial en el que se desarrollan, nada salvo algunos planos similares (la mayoría del desembarco) nos harían pensar en tal relación. Ni siquiera veremos en esta película la bandera norteamericana izada sobre el monte Suribachi que da origen a la anterior película, a pesar de que gran parte de la acción ocurra en dicho monte. Quizás el único elemento que puede aportar algo de unidad a ambas películas sea el asesinato de un soldado americano mediante el uso de bayonetas por parte de unos soldados japoneses, hambrientos, agotados y al borde de la locura. Este soldado es Iggy, amigo de John “Doc” Bradley a quien este encuentra asesinado cruelmente en una cueva en determinado momento de Banderas de nuestros padres. Esta fina relación es el único nexo de unión formal o estilístico existente entra ambas películas.

Una de las cosas que más llaman la atención en la comparación entre ambos filmes es la constante descripción del enemigo, en la cinta que nos ocupa, como alguien a admirar, de quien aprender y que proviene de la misma situación que los protagonistas mismos (cf. La escena en la que Takeichi lee a sus tropas la carta de su madre, que un soldado americano capturado llevaba en un bolsillo del uniforme), algo que choca con la deshumanización del enemigo vista en Banderas de nuestros padres. Mientras que en aquella el enemigo (los japoneses) siempre aparece en las sombras, con los rostros velados y en situaciones de combate, en esta, el enemigo cobra más protagonismo (cf. las conversaciones de Takeichi con el soldado capturado o el general Kuribayashi en su cena de despedida en Estados Unidos) y se le da una visión mas realista, de personas normales en una situación anormal con sus propios fallos y temores (cf. La escena en la que dos soldados americanos disparan a dos prisioneros japoneses para no tener que vigilarlos toda la noche). La reflexión de que en la guerra no hay buenos ni malos es algo ya visto en numerosas ocasiones en el cine bélico, pero que, en este caso, llama la atención por estar planteado desde el punto de vista del que estamos acostumbrados a ver como “el enemigo”.


Otro elemento diferenciador y que hace superior a Cartas desde Iwo Jima, es su mayor consistencia interna. No existen los grandes cambios de escenario y tiempo que sí ocurrían en Banderas de nuestros padres. Aquí, sin embargo, apenas hay flashbacks, y los que hay son cortos, explicativos e introducidos con unas transiciones muy suaves. Aun así, hacen que uno se pregunte si escenas como la de Kuribayashi en Estados Unidos la de Saigo con su mujer embarazada eran necesarias para entender la historia o podían haberse evitado, dejando la película mucho mas cohesionada.

La banda sonora compuesta por Kyle Eastwood y Michael Stevens mantiene una modesta relación con la compuesta por Clint Eastwood para el anterior film pero con la suficiente personalidad como para considerarla de forma independiente. Se adecua, perfectamente al tono reflexivo del filme aportando el acompañamiento perfecto para las bellas escenas de la isla.

Es encomiable, por una parte, el esfuerzo realizado por Eastwood para realizar un relato comprometido y riguroso con lo ocurrido en Iwo Jima (Una vez escrito el guión, lo llevaron a Japón y lo presentaron ante expertos en el tema y descendientes de los personajes reales para que dieran su opinión) y por otra parte el reto que supuso para el director rodar una película en un idioma que no comprende, protagonizada por actores que (en su mayoría) no hablaban ingles. Es admirable que un director estadounidense pueda rodar una película japonesa con una sensibilidad y compromiso que se echa de menos en la mayoría del cine actual.


Es, cartas desde Iwo Jima, una historia de auténticos héroes (no como su predecesora), un relato algo fatalista sobre el destino y el honor, y sobre el impacto que produjo la guerra en un país, y la evolución que tuvo que afrontar. Todo ello magníficamente plasmado mediante unos personajes excelentemente construidos y las relaciones que estos mantienen en un microcosmos, que aunque de una belleza incuestionable, llega a ser cada vez más claustrofóbico, hasta el punto de convertirse en sepulcro de muchos de ellos. Con esta hermosa película daba por finalizado Clint Eastwood un díptico sobre la segunda Guerra Mundial muy alejado de lo que estamos acostumbrados a ver en este tipo de producciones y difícilmente igualable en cuanto a enfoque y veracidad.

Sin duda un clásico instantáneo.

Cartas desde Iwo Jima - Ficha



USA, 2006
T.O.: Letters from Iwo Jima.
Director: Clint Eastwood.
 
Guión: Iris Yamashita sobre una historia de Iris Yamashita y Paul Haggis basada en el libro de Tadamichi Kuribayashi
Productores: Clint Eastwood, Robert Lorenz y Steven Spilberg.
Producción: DreamWorks SKG, Warner Bros. Pictures, Amblin Entertainment y Malpaso Productions.
Fotografía: Tom Stern en color.
Diseño de produccion: Henry Bumstead y James J. Murakami.
Diseño de vestuario: Deborah Hopper.
Música: Kyle Eastwood y Michael Stevens.
Montaje: Joel Cox y Gary Roach.
Duración: 141 minutos.
Estreno Japón: 15 de Noviembre de 2006
Estreno USA: 20 de Noviembre de 2006
Estreno España: 16 de Febrero de 2007
Presupuesto estimado: $19,000,000
Interpretes: Ken Watanabe (General Kuribayashi), Kazunari Nonomiya (Saigo), Tsuyoshi Ihara (Baron Nishi), Ryo Kase (Shimizu), Shido Nakamura (Liutenant Ito), Hiroshi Watanabe (Liutenant Fujita), Takumi Bando (Captain Tanida), Yuki Matsuzaki (Nozaki), Takashi Yamaguchi (Kashiwara), Eijiro Ozaki (Liutenant Okubo).

Argumento:
El general Kuribayashi es enviado a la isla de Iwo Jima para establecer la defensa japonesa ante el inminente ataque estadounidense. Sus innovadores métodos y su aprecio por los Estado Unidos, donde estudió, no serán bien vistos por los oficiales de la isla.

Comentario:
Mientras Clint Eastwood investigaba para el rodaje de Banderas de nuestros padres (Flags of our fathers, 2006), sobre la batalla de Iwo Jima, descubrió un libro escrito por el nieto del general que llevó a cabo la defensa japonesa. Se trataba de un libro de cartas enviadas por el general Kuribayashi a su familia, y en especial las enviadas durante la batalla de Iwo Jima. Al darse cuenta Eastwood de la sensibilidad de dichas cartas, decidió filmar esta película que supone el cierre perfecto para su díptico sobre la guerra aportando el punto de vista opuesto a su anterior filme, y completando así el cuadro completo.