USA, 2008
T.O.: Two lovers.
Director: James Gray.
Guión: James Gray y Ric Menello.
Productores: James Gray, Donna Gigliotti y Anthony Katagas.
Producción: 2929 Productions y Tempesta Films.
Fotografía: Joaquín Baca-Asay en color.
Diseño de produccion: Happy Massee.
Diseño de vestuario: Michael Clancy.
Montaje: John Axelrad.
Duración: 110 minutos.
Estreno USA: 13 de Febrero de 2009
Estreno España: 14 de Mayo de 2010
Presupuesto estimado: $12,000,000
Interpretes: Joaquin Phoenix (Leonard Kraditor), Gwyneth Paltrow (Michelle Rausch), Vinessa Shaw (Sandra Cohen), Moni Moshonov (Reuben Kraditor), Isabella Rossellini (Ruth Kraditor), John Ortiz (Jose Cordero), Bob Ari (Michael Cohen).
Argumento:
Leonard es un joven con trastorno bipolar que vive con sus padres y trabaja en la lavandería de su padre. Un día conocerá a la hija de un amigo de su padre con la que empezará a salir. Los problemas vendrán cuando conozca a su vecina y se enamore de ella, comenzando una relación a dos bandas llena de engaños.
Si en Banderas de nuestros padres (Flags of our fathers, 2006) Clint Eastwood nos mostraba las consecuencias de la guerra para tres soldados norteamericanos que tuvieron la suerte/desgracia de estar en un momento determinado en un determinado lugar; en Cartas desde Iwo Jima (Letters from Iwo Jima, 2006), nos muestra las consecuencias que tiene la misma guerra para el bando contrario, en este caso los japoneses, y especialmente sobre las tropas que defendieron la isla y que perdieron la vida allí.
Poco antes de la llegada de las tropas americanas a la isla, el general Kuribayashi (Ken Watanabe) es enviado a Iwo Jima para tomar el mando de la que Japón consideraba la última defensa de la nación. Kuribayashi es un general innovador y cultivado, formado en Estados Unidos y Canadá, que pronto se ganará el desprecio y la desconfianza por parte de los oficiales destacados en la isla debido a su forma de llevar las cosas, representante de la mentalidad occidental que ya comenzaba a asolar oriente antes de la guerra y que aterrizaría con mucha mas fuerza una vez finalizado el conflicto y que el resto de oficiales, tradicionales y con mentalidad cerradamente nipona no querrá aceptar. El único oficial con el que entablara amistad es el teniente coronel Barón Takeichi (Tsuyoshi Ihara), héroe nacional y medalla de oro en los juegos olímpico de Los Ángeles en 1932. Ambos hombres representan la apertura de mente del futuro Japón occidentalizado. Nada mas llegar a la isla, el General Kuribayashi detendrá la paliza que un oficial está propinando a dos soldados por no hacer bien su trabajo. Uno de estos soldados es Saigo (Kazunari Ninomiya) que pronto comenzara a sentir simpatía por el nuevo general y se vera inundado de su innovadora mentalidad. La película variara el protagonismo como si de un baile se tratase entre los tres personajes con total suavidad y casi sin que el espectador se de cuenta, evitando que ninguno acapare el centro de atención y dándole el protagonismo a las emociones que estos sienten mas que a las acciones que llevan a cabo y corrigiendo, así, el problema que Banderas de Nuestros Padres tenia en este aspecto. Labor que se ve facilitada por el buen hacer de unos interpretes magníficos que sienten su papel y lo transmiten a la pantalla. Mención especial para un iluminado Ken Watanabe en uno de los mejores papeles del año, muy por encima del Leonardo DiCaprio de Diamante de Sangre (Blood Diamond, 2006), del Will Smith de En busca de la felicidad (The pursuit of Happyness, 2006) o del Forest Whitaker de El ultimo rey de Escocia (The last king of Scotland, 2006), ganador del Oscar ese año.
Eastwood nos presenta así, la historia de unos personajes luchando contra las circunstancias mas adversas aun sabiendo desde el comienzo el final trágico al que están abocados. Tanto los soldados que defienden la isla como el propio país de Japón son conscientes de la derrota que les espera tras el horizonte, y, aún así, haciendo honor de la mentalidad nipona mas pura lucharán hasta el final por el honor y el recuerdo, elementos que resultaran finalmente de lo mas absurdos e irrelevantes cuando Saigo, un personaje que se pasa toda la película, huyendo de la guerra, recibiendo el calificativo de cobarde por parte de todos sus compañeros, sea el único que quede con vida, en una de las batallas con mas bajas de la segunda guerra mundial.
Existen pocos elementos en Cartas desde Iwo Jima que la relacionen con su hermana y predecesora Banderas de nuestros padres. A parte del contexto histórico y espacial en el que se desarrollan, nada salvo algunos planos similares (la mayoría del desembarco) nos harían pensar en tal relación. Ni siquiera veremos en esta película la bandera norteamericana izada sobre el monte Suribachi que da origen a la anterior película, a pesar de que gran parte de la acción ocurra en dicho monte. Quizás el único elemento que puede aportar algo de unidad a ambas películas sea el asesinato de un soldado americano mediante el uso de bayonetas por parte de unos soldados japoneses, hambrientos, agotados y al borde de la locura. Este soldado es Iggy, amigo de John “Doc” Bradley a quien este encuentra asesinado cruelmente en una cueva en determinado momento de Banderas de nuestros padres. Esta fina relación es el único nexo de unión formal o estilístico existente entra ambas películas.
Una de las cosas que más llaman la atención en la comparación entre ambos filmes es la constante descripción del enemigo, en la cinta que nos ocupa, como alguien a admirar, de quien aprender y que proviene de la misma situación que los protagonistas mismos (cf. La escena en la que Takeichi lee a sus tropas la carta de su madre, que un soldado americano capturado llevaba en un bolsillo del uniforme), algo que choca con la deshumanización del enemigo vista en Banderas de nuestros padres. Mientras que en aquella el enemigo (los japoneses) siempre aparece en las sombras, con los rostros velados y en situaciones de combate, en esta, el enemigo cobra más protagonismo (cf. las conversaciones de Takeichi con el soldado capturado o el general Kuribayashi en su cena de despedida en Estados Unidos) y se le da una visión mas realista, de personas normales en una situación anormal con sus propios fallos y temores (cf. La escena en la que dos soldados americanos disparan a dos prisioneros japoneses para no tener que vigilarlos toda la noche). La reflexión de que en la guerra no hay buenos ni malos es algo ya visto en numerosas ocasiones en el cine bélico, pero que, en este caso, llama la atención por estar planteado desde el punto de vista del que estamos acostumbrados a ver como “el enemigo”.
Otro elemento diferenciador y que hace superior a Cartas desde Iwo Jima, es su mayor consistencia interna. No existen los grandes cambios de escenario y tiempo que sí ocurrían en Banderas de nuestros padres. Aquí, sin embargo, apenas hay flashbacks, y los que hay son cortos, explicativos e introducidos con unas transiciones muy suaves. Aun así, hacen que uno se pregunte si escenas como la de Kuribayashi en Estados Unidos la de Saigo con su mujer embarazada eran necesarias para entender la historia o podían haberse evitado, dejando la película mucho mas cohesionada.
La banda sonora compuesta por Kyle Eastwood y Michael Stevens mantiene una modesta relación con la compuesta por Clint Eastwood para el anterior film pero con la suficiente personalidad como para considerarla de forma independiente. Se adecua, perfectamente al tono reflexivo del filme aportando el acompañamiento perfecto para las bellas escenas de la isla.
Es encomiable, por una parte, el esfuerzo realizado por Eastwood para realizar un relato comprometido y riguroso con lo ocurrido en Iwo Jima (Una vez escrito el guión, lo llevaron a Japón y lo presentaron ante expertos en el tema y descendientes de los personajes reales para que dieran su opinión) y por otra parte el reto que supuso para el director rodar una película en un idioma que no comprende, protagonizada por actores que (en su mayoría) no hablaban ingles. Es admirable que un director estadounidense pueda rodar una película japonesa con una sensibilidad y compromiso que se echa de menos en la mayoría del cine actual.
Es, cartas desde Iwo Jima, una historia de auténticos héroes (no como su predecesora), un relato algo fatalista sobre el destino y el honor, y sobre el impacto que produjo la guerra en un país, y la evolución que tuvo que afrontar. Todo ello magníficamente plasmado mediante unos personajes excelentemente construidos y las relaciones que estos mantienen en un microcosmos, que aunque de una belleza incuestionable, llega a ser cada vez más claustrofóbico, hasta el punto de convertirse en sepulcro de muchos de ellos. Con esta hermosa película daba por finalizado Clint Eastwood un díptico sobre la segunda Guerra Mundial muy alejado de lo que estamos acostumbrados a ver en este tipo de producciones y difícilmente igualable en cuanto a enfoque y veracidad.
USA, 2006
T.O.: Letters from Iwo Jima.
Director: Clint Eastwood.
Guión: Iris Yamashita sobre una historia de Iris Yamashita y Paul Haggis basada en el libro de Tadamichi Kuribayashi
Productores: Clint Eastwood, Robert Lorenz y Steven Spilberg.
Producción: DreamWorks SKG, Warner Bros. Pictures, Amblin Entertainment y Malpaso Productions.
Fotografía: Tom Stern en color.
Diseño de produccion: Henry Bumstead y James J. Murakami.
Diseño de vestuario: Deborah Hopper.
Música: Kyle Eastwood y Michael Stevens.
Montaje: Joel Cox y Gary Roach.
Duración: 141 minutos.
El general Kuribayashi es enviado a la isla de Iwo Jima para establecer la defensa japonesa ante el inminente ataque estadounidense. Sus innovadores métodos y su aprecio por los Estado Unidos, donde estudió, no serán bien vistos por los oficiales de la isla.
Comentario:
Mientras Clint Eastwood investigaba para el rodaje de Banderas de nuestros padres (Flags of our fathers, 2006), sobre la batalla de Iwo Jima, descubrió un libro escrito por el nieto del general que llevó a cabo la defensa japonesa. Se trataba de un libro de cartas enviadas por el general Kuribayashi a su familia, y en especial las enviadas durante la batalla de Iwo Jima. Al darse cuenta Eastwood de la sensibilidad de dichas cartas, decidió filmar esta película que supone el cierre perfecto para su díptico sobre la guerra aportando el punto de vista opuesto a su anterior filme, y completando así el cuadro completo.
Algo por lo que deberíamos de dar gracias todas las mañanas es por el hecho de que existan directores que, pudiendo quedarse en casa viviendo de las rentas, aun dirijan películas día tras día. Son estos directores, capaces de contar una historia corriente de una forma original sin perder el sabor de lo clásico y creando escuela por el camino, los que nos hacen darnos cuenta de lo insípida que seria la historia del cine sin ellos.
No hay ninguna duda de que Clint Eastwood es uno de esos artistas. Como actor ha creado personajes icónicos que han servido de ejemplo a muchos que llegaron después y que pasaron a formar parte inmediata de la memoria colectiva. Los solitarios cowboys que interpretara bajo las ordenes de Sergio Leone en Por un puñado de dolares (Per un pugno di dollari, 1964) o El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966) y posteriormente de las suyas propias en El fuera de la ley (The Outlaw Josey Wales, 1974) o Sin perdon (Unforgiven, 1992), o el violento policía que protagonizara en la saga iniciada en 1971 por Don Siegel con Harry el sucio (Dirty Harry, 1971) son personajes ampliamente conocidos por todos y fácilmente reconocibles en muchas películas posteriores. En su faceta de director poco hay que decir que no se haya dicho ya. Lo que realmente merece la pena destacar es que un hombre nacido hace 8 décadas siga en activo y haya filmado algunas de las mejores obras de este nuevo milenio como son Mystic river (Id. 2003), Million Dollar Baby (Id. 2004), o Gran Torino (Id. 2008) a un ritmo de casi una película por año. Y es dentro de esta ultima y fructífera etapa del autor donde se incluyen las dos películas de las que quiero hablaros: Banderas de Nuestros Padres (Flags of Our Fathers, 2006) y Cartas Desde Iwo Jima (Letters From Iwo Jima, 2006), dos caras de un mismo folio con mismo punto de partida (la batalla de Iwo Jima) pero con planteamientos y resultados dispares.
La batalla de Iwo Jima fue una de las más decisivas batallas de la Segunda Guerra Mundial. Uno de los puntos necesarios por los que Estados Unidos tenía que pasar para derrotar a Japón, fue la primera batalla en librarse en territorio japonés, el enfrentamiento con mayor numero de bajas de la historia del cuerpo de marines y también la batalla en la que mayor número de medallas de honor (27) fue entregado de toda la historia. A pesar de todo esto, el hecho más conocido de la batalla y que es en el que se basa Eastwood para plantear la historia de Banderas de Nuestros Padres es la famosa fotografía tomada por Joe Rosenthal de seis marines izando la bandera norteamericana en lo alto del monte Suribachi. Partiendo de este punto el director nos cuenta la historia de unos héroes que jamás pidieron serlo, cumpliendo una misión lejos del frente en el que morían sus compañeros y de un gobierno que los necesitaba para elevar la moral del país y ganar una guerra a punto de finalizar.
La película comienza, como tantas otras del género, con los veteranos de la batalla de Iwo Jima contando la historia de lo sucedido a un personaje, que luego sabremos que es el hijo de uno de los protagonistas. Tras algún flashback de los soldados en la batalla, método que aparecerá a menudo a lo largo del filme, vienen una serie de escenas introductorias con un tono algo melancólico antes de comenzar con la gran secuencia del filme, un desembarco de mas de 10 minutos que sin ser lo peor de la película, si es lo menos original (algo a lo que no ayuda el ver rostros conocidos del cine bélico de los últimos años como Barry Pepper o Neal McDonough). Esta falta de originalidad no puede achacársele únicamente al director, sino a un genero, como es el bélico, que ha sido algo sobreexplotado en los últimos años, tanto el la pantalla grande como en la pequeña. Eastwood filma algunas buenas escenas sabiendo mantener la tensión hasta el momento en el que los japoneses abren fuego (magníficos planos de las armas japonesas saliendo por las mirillas apuntando a los confiados soldados americanos). A pesar de ser una buena secuencia el director no puede evitar caer en los tópicos que este tipo de producciones han estado mostrando durante los últimos años (no obstante Spilberg ha estado detrás de la mayoría de las producciones bélicas de importancia de los últimos años, incluida esta). Tomas del medico curando soldados mientras las balas silban a su alrededor, marines eliminando con granadas nidos de ametralladoras, o las interminables hileras de soldados muertos en la playa, son imágenes que sobrecogen e impactan la primera vez que las vemos, pero que a estas alturas ya hemos visto quizás demasiadas veces. Aun así, Eastwood sabe diferenciarse en algunos momentos y filmar algunos bellos planos, como las panorámicas antes del desembarco o las ya comentadas escenas desde el punto de vista de los japoneses. Merece un comentario aparte el excelente uso del que hace gala el director de los puntos de vista de cámara y de la iluminación para mantener siempre al enemigo oculto y al acecho, jamás en toda la película vemos claramente la cara de ningún soldado japonés, estrategia que cambiara en Cartas desde Iwo Jima, en donde se dará mas importancia a los soldados americanos de la que aquí se da a los japoneses.
Una vez acabado el desembarco vemos como los soldados que estuvieron presentes en la popular foto de la izada de la bandera (escena que se nos mostrara mas adelante) son llamados para retornar a los Estados Unidos e iniciar una gira nacional con el fin de recaudar dinero para pagar la guerra. Es en este momento donde la historia se aleja del terreno conocido y adquiere su propia personalidad y discurso. Se nos muestra como el gobierno utiliza a los tres únicos soldados que quedan vivos de la foto con fines publicitarios, haciéndoles perder su identidad de soldados para convertirlos en personalidades publicas al servicio del país, sin importar las mentiras que tengan que contar por el camino.
Ryan Phillipe interpreta de forma correcta aunque sin ninguna emoción a John “Doc” Bradley un medico de la marina que a la larga será el que mejor encaje toda la situación. Algo curioso pasa con este personaje, y es que hay momentos en los que adquiere un protagonismo que no le corresponde. Durante la mayor parte del metraje, la película es una historia coral sustentada por sus tres protagonistas, pero, en algunos momentos, Eastwood le da una importancia a Bradley que no tienen los demás, haciendo que el espectador no sepa quien o quienes son los protagonistas de la película. Jesse Bradford da vida a Rene Gagnon, un soldado que por su poca valía fue utilizado de mensajero durante la guerra y al que harán un favor alejando del frente. Pronto queda claro que vale mas como personaje publico que como soldado, siendo él el que se encarga de pronunciar los discursos en los mítines y de ejercer las veces de relaciones publicas del grupo. Finalmente Ira Hayes, interpretado por Adam Beach, es sin ninguna duda, lo peor de la película; el personaje más interesante y con mayor peso dramático se echa a perder por la horrible interpretación del actor. Ira Hayes es un soldado indio que se ve arrastrado a la gira de recaudación recibiendo una atención que no cree merecer, pronto empezara a beber demasiado y a tener problemas con sus compañeros y con la sociedad.
Eastwood sabe como manejar el hilo narrativo del filme haciendo que en ningún momento el espectador se pierda entre los tres tiempos que narra la película. La batalla de Iwo Jima, la gira de los “héroes” por Estados Unidos para vender bonos de guerra y ya en el tiempo presente, el hijo de “Doc” Bradley entrevistando veteranos para escribir su libro, son filmadas de formas diferentes y claramente diferenciables; tonos grises y desaturados la primera, colores realistas y variados la segunda, y oscuridad y sombras en la tercera. Si no fuera por los constantes flashbacks que mantienen la unidad entre la primera parte de la cinta y la segunda, esta casi podría considerarse un bloque independiente del entorno bélico en el que se enmarca el resto. Esto es acentuado por el hecho de que dicho bloque, la parte mas interesante del filme comienza y termina con el mismo plano. Al comienzo una imagen del tren llegando a la estación con Gagnon en primer plano saludando a la multitud que les espera y, al terminar, el mismo plano del tren, esta vez alejándose de la estación con Ira Hayes despidiéndose de sus compañeros en una estación casi vacía.
Al cerrar la parte central de la película comienza un epilogo si bien necesario, demasiado largo en el que se nos muestra el destino de los protagonistas de una forma mas extensa de lo que cabria esperar. Aun así, el director sabe acabar la película con una bellísima escena de los soldados en la playa dejando al espectador con un buen sabor de boca.
Durante toda la cinta disfrutamos de una excelente banda sonora a cargo del mismo Eastwood acostumbrado a musicar sus filmes, que se une a una excelente selección de canciones de la época. El tema central es una simple melodía de piano que deja ver las comprensibles limitaciones del director como compositor pero que en este caso se adecua a la película por su tono simple y melancólico.
En resumen la película transmite un mensaje adecuado y claro sobre la manipulación por parte del gobierno, y la alienación que este puede ejercer en las personas que utiliza para conseguir sus fines. Este es sin duda el punto fuerte de la película, restando importancia a otras subtramas que, o bien están ahí con un fin mas comercial que artístico (el encuentro bélico) o bien no están todo lo desarrolladas que podrían haber estado (la búsqueda de un padre por parte de su hijo a través de la historia de un país y las relaciones que este tuvo con sus compañeros). Banderas de Nuestros Padres tiene los suficientes elementos a favor como para convertirla en una buena película, como la interpretación de sus actores secundarios (a destacar el papel de John Slattery como ministro de finanzas), la fotografía (a cargo de Tom Stern, habitual director de fotografía de Eastwood en la ultima década), la banda sonora (aunque con un tema central algo sobreutilizado), y la sólida (como no podía ser de otra manera) dirección.
Tristemente la labor de sus tres protagonistas empaña una película que podría haberse mejorado con una diferente elección de actores. Estos estropean los mejores momentos del filme (el momento en el que, en la habitación del hotel, Keyes Beech le dice a Ira Hayes que lo devuelven al frente, y como este llora acordándose de sus compañeros muertos, pierde todo el dramatismo que, sin duda, debía de tener en el papel, debido al sobreactuado Adam Beach, hasta el punto de que produce mas pena el actor que la escena en si). Además, las escenas de guerra hicieron que la película se vendiese falsamente como cine bélico, produciendo cierta decepción en parte del público.
Todos estos defectos serán solventados en Cartas desde Iwo Jima, una película claramente superior y mucho más interesante, que con un presupuesto casi cinco veces inferior recaudo más dinero que su predecesora, demostrando que el Gran Publico sabe apreciar el buen cine cuando se le presenta con claridad y sin falsos envoltorios.
USA, 2006
T.O.: Flags of our Fathers.
Director: Clint Eastwood.
Guión: Paul Haggis y William Broyles Jr. sobre el libro de James Bradley y Ron Powers.
Productores: Clint Eastwood, Robert Lorenz y Steven Spilberg.
Producción: DreamWorks SKG, Warner Bros. Pictures, Amblin Entertainment y Malpaso Productions.
Fotografía: Tom Stern en color.
Diseño de produccion: Henry Bumstead.
Diseño de vestuario: Deborah Hopper.
Dirección artistica: Jack G. Taylor
Música: Clint Eastwood.
Montaje: Joel Cox.
Duración: 132 minutos.
Estreno USA: 20 de Octubre de 2006
Estreno España: 3 de Enero de 2007
Presupuesto estimado: $53,000,000
Interpretes: Ryan Phillippe (John “Doc” Bradley), Jesse Bradford (Rene Gagnon), Adam Beach (Ira Hayes), John Benjamin Hickey (Keyes Beech), John Slattery (Bud Gerber), Barry Pepper (Mike Strank), Jamie Bell (Ralph “Iggy” Ignatowsky), Paul Walker (Hank Hansen), Robert Patrick (Col.Chandler Johnson), Neal McDonough (Cap. Severance), Melanie Lynskey (Pauline Harnois), Thomas McCarthy (James Bradley).
Argumento:
Durante la batalla de Iwo Jima, el fotógrafo Joe Rosenthal tomará una instantánea de seis soldados izando la bandera norteamericana en lo alto del monte Suribachi. Una vez en Estados Unidos, esa foto se convertirá en símbolo de la próxima victoria estadounidense en la 2ª Guerra Mundial. Los tres soldados que aun quedan vivos de aquella foto serán reclamados para dejar el frente y comenzar una gira propagandística por todo el país con el fin de recaudar fondos para pagar la guerra.
Comentario:
Clint Eastwood se basó en el libro escrito por el hijo de uno de los protagonistas para narrar esta historia sobre falsos héroes y su utilización como instrumentos de la maquinaria gubernamental. Mientras investigaba para hacer la película, descubrió un libro que cuenta la historia de la misma batalla pero desde el punto de vista japonés, libro en el que se basaría para su siguiente película, Cartas desde Iwo Jima (Letters From Iwo Jima, 2006)
Si no te gusta ver sangre en pantalla, deja de leer, sino te gusta el humor macabro deja de leer, si no eres capaz de reírte viendo a un zombi mordiéndole los testículos a un hombre que se acaba de amputar un brazo con una motosierra, por dios, deja de leer. Si por el contrario te gusta todo lo que acabo de enumerar, la comedia gore Dead Snow (“Død Snø”, 2009) es tu película. ¿Los protagonistas? los de siempre, un grupo de jóvenes insensatos. ¿La historia? nada nuevo, el grupo se va a pasar un fin de semana en una cabaña incomunicada en las montañas. ¿El enemigo? Ah, amigos, aquí viene lo bueno, porque en esta ocasión los enemigos (si, en plural, y vaya plural) son un ejercito de zombis nazis, si, si, como lo leéis, zombis nazis, que perseguirán a los protagonistas para que les devuelvan un tesoro que han robado, y de paso matarlos bien muertos.
Tras unos primeros quince minutos de contenida presentación empieza lo realmente entretenido. Zombis con prismáticos, con camuflaje de nieve y con mucha mala leche atacan a los protagonistas que se defienden como buenamente pueden, con cócteles molotov que les explotan en las narices, con martillos, motosierras, hachas o simplemente a cabezazos y puños. La película esta llena de un humor negro que hará las delicias de los más macabros.
Ciertamente su director utiliza algunos trucos facilones para filmar la película (como el personaje que aparece de la nada para meter miedo y luego desaparece) y que el uso de ciertas escenas es casi obligado en este tipo de cine (la aparición en la ventana es todo un clásico), pero también es cierto que intenta en todo momento desmarcarse de lo ya visto aportando nuevos elementos que puedan atraer al espectador (sin ir mas lejos, la propia naturaleza de los zombis es algo muy atrayente), cosa que en estos días tan faltos de ideas es de agradecer.
En un momento como el actual en el que estamos viviendo una autentica revolución zombi, tanto en el cine (“REC2”, “Survivial of the Dead”, “Resident Evil: Afterlife”, “Zombieland”, etc) como en la literatura (“Orgullo y prejuicio zombi”, “Apocalipsis Z”, “Guerra Mundial Z”, etc.) Dead Snow se presenta como una película altamente recomendable con algunas ideas frescas que gustaran sin duda a los amantes del género. Lamentablemente no ha encontrado distribuidor en España todavía, cosa que no me extraña, por otro lado, teniendo en cuenta el poco respeto que se tiene con el cine en ese país.
Noruega, 2009
T.O.: Død Snø.
Director: Tommy Wirkola.
Guión: Stig Frode Henriksen y Tommy Wirkola.
Productores: Tomas Evjen y Terje Stroemstad.
Producción: Euforia Film, Barentsfilm AS, Miho Film y Yellow Bastard Production.
Fotografía: Matthew Bradley Weston en color.
Diseño de produccion: Liv Ask.
Diseño de vestuario: Linn Henriksen.
Música: Chritian Wibe.
Montaje: Martin Stoltz.
Duración: 90 minutos.
Estreno Noruega: 9 de Enero de 2009
Estreno España: ¿Perdona, como dices?
Interpretes: Vegar Hoel (Martin), Stig Frode Henriksen (Roy), Charlotte Frogner (Hanna), Lasse Valdal (Vegard), Evy Kasseth Røsten (Liv), Jeppe Laursen (Erlend), Jenny Skavlan (Chris), Ane Dahl Torp (Sara), Bjørn Sundquist (The Wanderer), Ørjan Gamst (Herzog).
Argumento:
Un grupo de amigos estudiantes de medicina se van a pasar un fin de semana en una cabaña incomunicada en las montañas noruegas. Al poco de estar ahí, un hombre aparecera de la oscuridad para contarles la historia de un cruel regimiento nazi que ocupo la zona durante la segunda guerra mundial. En el momento en el que los protagonistas encuentran una caja con un pequeño tesoro en ella, el ejercito de nazis zombis comenzara a acosarlos y comenzara la masacre.