lunes, 22 de julio de 2013

El Hombre de Acero Vs. Star Trek. La cara y la cruz de los blockbusters veraniegos

Como todos los años la temporada de verano ha empezado a lo grande con dos de los estrenos palomiteros más esperados del año. Por un lado El Hombre de Acero (Man of Steel, 2013) de Zack Snyder que supone el reinicio de la saga de Superman en el cine tras la no muy acertada Superman Returns (Id, 2006) de Bryan Singer y que además supone a tenor de lo visto en la Comic-Con de San Diego de este pasado fin de semana el pistoletazo de salida para el nuevo universo compartido que pretende llevar DC al cine, a imagen y semejanza del de Marvel Studios. Por otro tenemos Star Trek En La Oscuridad (Star Trek Into the Darkness, 2013) de J.J. Abrams que principalmente constatará a su director como la elección correcta para dirigir el reinicio de la franquicia de Star Wars o todo lo contrario. Como muestra de lo que puede deportarnos el cine de acción en verano ambas películas en conjunto no podían haberlo hecho mejor. Eso sí, una hacia cada lado de la balanza.

Por su parte El Hombre de Acero, más allá de la polémica creada a su alrededor sobre si es una adaptación fiel o no del personaje, es una película débil en todos sus aspectos. Débil argumentalmente en tanto sus ideólogos David S. Goyer y Christopher Nolan, responsables de la trilogía del Caballero Oscuro no han hecho sino tratar de plasmar lo que llevó al éxito a aquella pero con un personaje que no se presta a ello. Batman y Superman no son iguales y lo que  funciona con uno, no tiene necesariamente que funcionar en el otro. De ahí que toda la pseudoprofundidad que conlleva el argumento, especialmente los tintes mesiánicos nada disimulados, no hagan sino lastrar la película desviándola de otros elementos que quizá hubieran casado mejor con el personaje como la moral o la responsabilidad. Y débil visualmente dado que los más que correctos efectos visuales (necesarios en una producción de estas características) quedan disipados por una sobrecarga de los mismos y las malas decisiones de cámara a la hora de filmarlos. La cámara al hombro que con tanta maestría utilizaba Paul Greengrass en la saga Bourne parece aquí impostada y carente de decisión. Por último, algo que sigue sorprendiendo de Zack Snyder es su falta de control sobre el tempo cinematográfico que tan bien utilizó en su opera prima. El ritmo que tenía El Amanecer de los Muertos (Dawn of the Dead, 2004) es algo que no ha vuelto a mostrar ninguna de sus películas posteriores y especialmente ésta.

Si el Hombre de Acero representa la excesiva confianza en lo visual sobre lo argumental y el espectáculo por el espectáculo, Star Trek En la Oscuridad supone todo lo contrario. Si algo le falta a J.J. Abrams para parecerse aún más a Steven Spilberg en estos momentos es la variedad de géneros. Abrams ha mostrado con cada película que ha estrenado un dominio del espacio y del tiempo cinematográfico asombroso para alguien de su edad y trayectoria. Si bien es cierto que tiene también un gusto especial por los efectos visuales quizá algo excesivo –que en cierto modo hizo desentonar ciertas escenas en su anterior cinta, Super 8 (Id, 2011)- sabe compensarlo con un argumento sólido y un preciso conocimiento del lugar que deben ocupar dichas escenas en el conjunto de la película. Star Trek En la Oscuridad es un ejercicio de buen cine de acción, de un blockbuster de calidad en el que todo encaja con precisión milimétrica sin que nada desentone del conjunto. Los actores ejercen su papel con soltura –otra diferencia más con El Hombre de Acero que a pesar de contar con un reparto más que eficaz no puede evitar que muchos de ellos parezcan fuera de lugar la mayor parte del metraje- y la banda sonora del cada vez más efectivo Michael Giacchino anuda la cinta con un envoltorio de lujo.

Estando como estamos a finales de Julio aún queda un buen número de estrenos fuertes para este verano. Habrá que esperar a ver si se acercan más a la fórmula de El Hombre de Acero o a la de Star Trek.


viernes, 11 de enero de 2013

'La vida de Pi', un exuberante viaje espiritual


[Advertencia: En el presente texto se revelan detalles importantes de la trama de la película] 

La vida de Pi (Life of Pi, Ang Lee, 2012), basada en la popular novela homónima de Yann Martel habla de muchas cosas. De la soledad, de la familia, de la búsqueda de un camino espiritual propio, de Dios, del respeto a la vida. Pero lo que hace de ella una película especial es que habla de todo eso, y lo hace bien, con una narrativa fluida y técnica precisa, haciendo de ella una de las grandes películas del año que recientemente acabamos.

La vida de Pi es una película cerrada, con una circularidad perfecta. Con esto no me refiero a que tenga un final cerrado, pues no es el caso, sino a que en su tramo final vuelve a retomar los temas planteados en su inicio, cerrando el círculo y dando un halo de coherencia global a la cinta. Uno de los grandes temas de La vida de Pi es la búsqueda espiritual del protagonista, la búsqueda de un camino religioso a seguir –hasta el punto de pertenecer su protagonista a varias religiones al mismo tiempo ante la burla de su hermano (Mohd Abbas Khaleeli) y padre (Adil Hussain). El mejor ejemplo de esto probablemente está en la sucesión de escenas en las que un joven Pi (Ayush Tandon) acude diariamente al sacerdote católico de la iglesia de un pequeño pueblo indio acosándole con preguntas sobre Cristo, conceptos que a un niño se le antojan extraños y difíciles de comprender. Podríamos decir que la búsqueda de Pi es la búsqueda de Dios y su naufragio es el camino que le permite encontrarlo. Un camino sembrado de dudas –no obstante es el mismo Pi quién en un momento del relato afirma que es la duda la que mantiene viva la fe-, pero también de certezas, al menos certezas para Pi, que cree ver a Dios e incluso habla con él en determinados momentos. Esta búsqueda de Dios que comienza con un joven Pi entrando en una iglesia para beberse el agua bendita a instancias de su hermano, queda perfectamente recogida en la frase que un Pi ya adulto (Irrfan Khan) dice a su interlocutor y que define la totalidad de la película, haciendo que el espectador repase lo que ha visto desde un nuevo prisma, entendiendo lo que antes no entendía y dudando de lo que creía cierto: “Lo mismo pasa con Dios.” Una frase que retoma la búsqueda espiritual planteada a principio de la cinta y de la que quizá el espectador se había olvidado ante la exuberancia de sus imágenes pero que en ningún momento ha sido abandonada. En la parte final del relato de Pi, cuando tras meses a la deriva llega a las costas de Mejico, Richard Parker, el tigre de Bengala que lo acompaña (o no) durante su particular odisea, se adentra en la selva sin tan siquiera volverse a mirar por última vez a Pi, sin despedirse, como éste amargamente recuerda. Esta desaparición en la jungla, este abandono es la muestra definitiva de que Pi ha alcanzado la revelación que andaba buscando, ya no necesita compañía ni guía en su viaje, tras todo lo vivido, por fin está capacitado para seguir su camino por su cuenta cumpliendo en cierto modo lo que el Pi adulto ha asegurado al escritor (Rafe Spall) al que cuenta su relato antes de comenzar, “creerás en Dios.”


La fabulosa historia del naufragio de Pi la oímos de sus propios labios mientras se la cuenta a un joven escritor en busca de una historia fascinante. En el tercio final de la cinta descubrimos una segunda historia, una más realista, más probable quizá. Mientras que el protagonista afirma que el relato “del tigre” es lo que realmente sucedió, nuestra lógica racional, plasmada en la pantalla mediante el personaje del escritor, nos dice lo contrario. Pero al final, lo importante no es qué historia es la verdadera, o si hay una historia verdadera; lo importante, parece decirnos Lee, es la elección vital que hace uno mismo de su propia vida, de qué manera quiere entender e interpretar su propia vida. Puesto que el principio, el final y los momentos destacados del camino van a ser los mismos, ¿de qué manera queremos interpretar todos esos momentos, esas emociones?, incluso también, ¿cómo queremos presentárselos al mundo?


La vida de Pi es una película de una gran riqueza visual. Más allá de la espectacularidad digital tan de moda en años recientes, Lee, con ayuda de un equipo técnico sobresaliente, con mención especial al responsable de fotografía Claudio Miranda, presenta unas imágenes bellísimas pero con cierto aroma a clásico. Banda sonora, montaje, diseño de producción, todo en la película contribuye a hacer de ella lo que es, una hermosa fábula sobre la vida y el espíritu con diversas capas y probablemente diversas interpretaciones, pero sabiendo mantenerse a distancia de esa aureola de “más importante que la vida misma” que rezuman otras producciones similares.

La vida de Pi - Ficha


USA, China, 2012
T.O.: Life of Pi.
Director: Ang Lee.
Guión: David Magee basado en una novela de Yann Martel.
Productores: Ang Lee, Gil Netter y David Womark.
Producción: Fox 2000 Pictures, Haishang Films y Rhythm and Hues.
Fotografía: Claudio Miranda en color.
Diseño de produccion: David Gropman.
Diseño de vestuario: Arjun Bhasin.
Montaje: Tim Squyres
Musica original: Mychael Danna.
Duración: 127 minutos.
Estreno USA: 21 de Noviembre de 2012.
Estreno España: 30 de Noviembre de 2012.
Presupuesto estimado: $120.000.000
Interpretes: Suraj Sharma (Pi Patel), Irrfan Khan (Adult Pi Patel), Ayush Tandon (Pi Patel 11), Gautam Belur (Pi atel 5), Adil Hussain (Santosh Patel), Tabu (Gita Patel), Rafe Spall (Writer), Gerard Depardieu (Cook), Ayan Khan (Ravi Patel 7), Mohd Abbas Khaleeli (Ravi Patel 13) y Vibish Sivakumar (Ravi Patel 18).

Argumento:
Cuando la familia del joven Pi Patel cerrar el circo que poseen en la India y trasladarse a Canada junto a todos los animales con la intención de venderlos y comenzar una nueva vida, el carguero en el que viajan sufre un naufragio. Pi acaba sobreviviendo durante meses solo en el mar con la única compañía de un tigre de Bengala.


miércoles, 21 de septiembre de 2011

'El demonio bajo la piel', la dualidad del asesinato

El Demonio bajo la piel (The Killer Inside me, 2010) es el segundo acercamiento cinematográfico (el primero tuvo lugar en 1976 a cargo de Burt Kennedy) de la novela de homónima de Jim Thompson, un escritor que ha dado algunas de sus mejores historias al genero negro. En esta ocasión se trata de una película que avanza lentamente con el ritmo marcado por el pausado acento sureño de sus protagonistas, solo alterado por los esporádicos estallidos de violencia sin concesiones que marcan el carácter del protagonista Lou Ford (Casey Affleck). Estallidos que transportan la película hasta su inevitable final en una escena quizás un poco fuera de lugar, pero que cierra de forma bastante certera la historia vital de Ford –de alguna manera la explosión en la que Ford se lleva por delante a varias personas, incluyendo a su amada Joyce (Jessica Alba), representa el punto culminante de su locura y la única huída posible de una condena a muerte segura, desencadenando por vez última y definitiva al asesino interior contenido-. Pero son las escenas que se encuentran entre esos actos de extrema violencia las que nos descubren que lo que en un inicio parecía algo esporádico no lo es en absoluto, sino que proviene de recuerdos profundamente enterrados en la psique del protagonista y que, muy acertadamente, Michael Winterbottom solo insinúa con unos pocos insertos, librándonos de excesivos flashbacks que hubieran entorpecido la evolución de la historia.

La ciudad petrolífera de Central City situada en el Oklahoma de los años 50, es –como suele ser habitual en el cine negro- elemento fundamental para entender la historia y los personajes que en ella se mueven, que no son sino extensiones de la ciudad misma. No es posible concebir a un personaje como el de Lou Ford fuera del entorno en el que vive y se mueve, del mismo modo en que no podría existir un Sheriff como el estoico Bob Maples (Tom Bower) fuera de ese tranquilo pero engañoso lugar. Quizás por esto el fiscal Howard Hendricks (Simon Baker), que en cierto modo es un “pez fuera del agua” al ser el único no-habitante que deambula por la historia sea el único capaz, desde su posición privilegiada, de mirar en donde otros ven normalidad y hacer las preguntas que a otros no se les ocurrirían hasta descubrir la verdad. Y es que se trata de una ciudad llena de dualidades, comenzando por el propio Ford, a veces frío asesino, a veces respetado ayudante del sheriff a quién los habitantes piden consejo y ayuda y llegando hasta el Sheriff Maples dividido entre apoyar a Ford a quien considera uno de sus mejores hombres o hacer caso de esa intuición que lo aviene en su contra o Amy Stanton (Kate Hudson), la novia de Ford que, cuando estamos convencidos de que se trata de esa chica decente con el objetivo es casarse y formar una familia, descubrimos los moretones provocados por los azotes consentidos que recibe de Ford. Incluso la música, mezcla perfecta de clásicos country y opera clásica no hace sino acentuar esas dualidades que enmarcan la película y enturbian la moral de sus personajes -“Tengo un pie a cada lado de la valla. Lo tengo desde hace tiempo y no puedo hacer nada, salvo esperar o partirme en dos.”-. Quizás por esto los personajes más puros, más faltos de doblez, como la puta encarnada por Jessica Alba o el no muy espabilado hijo del terrateniente (Jay R. Ferguson) sean los primeros en morir, incapaces de encajar en ese mundo de engaños e insinuaciones para el que otros han nacido como Joe Rothman (Elias Koteas) (actor que, como el buen vino, no hace sino mejorar a cada año que pasa) que sinuosamente va moviendo los hilos y empuja a Ford hacia su destructivo final.

El demonio bajo la piel - Ficha

USA, Suecia, UK, Canadá, 2010
T.O.: The Killer Inside me.
Director: Michael Winterbottom.
Guión: John Curran basado en una novela de Jim Thompson.
Productores: Andrew Eaton, Chris Hanley y Bradford L. Schlei.
Producción: Muse Productions, Stone Canyon, Revolution Films, Indion Entertainment Group, BOB Film Sweden AB y Film i Väst.
Fotografía: Marcel Zyskind en color.
Diseño de produccion: Rob Simona y Mark Tildesley.
Diseño de vestuario: Lynette Meyer.
Montaje: Mags Arnold.
Musica original: Joel Cadbury y Melissa Parmenter.
Duración: 109 minutos.
Estreno USA: 24 de Enero de 2010.
Estreno España: 21 de Enero de 2011.
Presupuesto estimado: $13.000.000
Interpretes: Casey Aflleck (Lou Ford), Kate Hudson (Amy Stanton), Jessica Alba (Joyce Lakeland), Ned Beatty (Chester Conway), Elias Koteas (Joe Rothman), Tom Bower (Sheriff Bob Maples), Simon Baker (Howard Hendricks), Bill Pullman (Billy Boy Walter), Brent Briscoe (Bum/Stranger), Matthew Maher (Deputy Jeff Plummer), Jay R. Ferguson (Elmer Conway), Liam Aiken (Johnny Papas), Ali Nazary (Max Papas).

Argumento:
En una ciudad de Oklahoma de los años 50, vive Lou Ford, un ayudante de Sheriff con un horrible secreto. Cuando el Sheriff Maples lo envía a echar de la ciudad a una prostituta, Ford se comienza una tortuosa y sadomasoquista relación con ella que marcará el comienzo de una larga serie de asesinatos de la que difilmente podrá escapar.



viernes, 9 de septiembre de 2011

Ensalada de trailers: Drive; A Dangerous Method; Moneyball; Melancholia; Tinker, Taylor, Soldier, Spy

A continuación tenéis los trailers de algunas de las propuestas más interesantes que están por llegar a las carteleras. Drive, A Dangerous Method, Moneyball, Melancholia y Tinker, Taylor, Soldier Spy.

martes, 29 de marzo de 2011

Censura política en la televisión americana.

Pese a lo que nos quieran hacer creer, la censura en el mundo del cine y la televisión no ha desaparecido, el que no me crea solo ha de fijarse en la absurda polémica que se ha creado entorno a la película A Serbian Film (2010) y los ataques a Ángel Sala por emitirla en el festival de Sitges. Lo que hoy traigo no es un caso peor ni más flagrante de censura (es difícil superar los niveles a los que hemos llegado en España con la mencionada película), sino tan solo otro caso más que arroja luz sobre un hecho que mucha gente niega o desconoce.

The Kennedys (2011) supone la miniserie más cara y ambiciosa que History Channel haya abarcado jamás. Durante 8 capítulos la serie narra la historia de la familia Kennedy indagando en las turbulentas relaciones entre ellos y con terceros que marcaron el mito. Ante una producción de tal presupuesto era de esperar que los directivos de la cadena exigieran varias revisiones de guión con las que sentirse cómodos antes de dar luz verde al rodaje. Esto es lo que hace aun más increíble el hecho de que una vez finalizado el mismo, la cadena haya dicho que no va a emitir la serie debido a su supuesta falta de rigor y al descontento con las actuaciones de los protagonistas (hablamos de Greg Kinnear, Katie Holmes, Tom Wilkinson y Barry Pepper). No deja de resultar sorprendente que una cadena de televisión como History Channel, en los tiempos que corren, no se asegure de que el resultado de una de sus producciones vaya a ser satisfactorio antes siquiera de entregar un solo dólar.

Quizás la explicación resida en las voces que hablan de la supuesta presión que se ha ejercido a la cadena por parte de varias fuentes para no emitir la miniserie. Por una parte estarían representantes/partidarios del partido demócrata (el partido de JFK) que la han calificado de ‘maliciosa’ y ‘vengativa’. Por otra parte se encuentra la familia del expresidente, en concreto, Caroline Kennedy, quién tiene a punto de publicación un libro sobre Jackie Kennedy la que fuera esposa de John y primera dama de los Estados Unidos; para rizar más el rizo, el libro será publicado por una editorial del grupo Disney que a su vez es uno de los propietarios de History Channel.

Lamentablemente esto no es un suceso aislado pues en 2003 ocurrió algo similar con la serie de CBS The Reagans protagonizada por James Brolin y Judy Davis. En aquella situación fueron los conservadores los que pusieron el grito en el cielo ante lo que mostraba la serie, que finalmente acabó emitiéndose en un canal menor, cosa que también sucederá con The Kennedys. Será el canal de pago por satélite ReelzChannel el que emitirá la accidentada serie si no lo impide antes la falta de anunciantes a la que tiene que enfrentarse ahora. Por lo visto después de todo el revuelo que se ha montado, no todo el mundo quiere asociar su imagen a la serie.

Por suerte, para todo aquel que quiera disfrutar de The Kennedys en España, Cuatro ya ha confirmado que la serie será una de las que emita en los próximos meses. Todo este revuelo solo es muestra de las anteojeras con las que algunos se manejan por el mundo, y tristemente somos los espectadores lo que hemos de pagar sus reparos y miedos.