Llegados a este punto, he de reconocer que este humilde blog, a pesar de su juventud, me ha proporcionado grandes alegrías que no esperaba, y me permite aprender cada día mas sobre el mundo del cine que tanto amamos, además de conocer a personas de lo mas interesante y que comparten mi misma pasión por el séptimo arte.
Esto, aunque lo parezca no es una despedida, ni siquiera un hasta luego, es solo mi manera de agradecer a todos los que se han pasado por aquí en un momento u otro su presencia y, en el caso que proceda, su participación. Además, como no solo de cine vive el hombre, me sirve de plataforma desde la que presentar un nuevo proyecto en el que llevo algún tiempo trabajando y que por fin ha visto la luz. Este no es ni más ni menos, que un blog hermano de este, pero de temática diferente.
¿Quién vigila al Dr. Ender? estará enfocado al mundo del comic. Su filosofía será la misma que mueve el Imaginario, artículos sobre material indistintamente antiguo o nuevo, escritos con pasión y con la mayor calidad que me sea posible, además, igual que aquí, también podréis encontrar alguna otra cosa –como por ejemplo la traducción de varias interesantes entrevistas que hay ahora mismo publicadas- que espero, sean de interés.
¿Quiere esto decir que el Imaginario será cerrado? No, ni mucho menos. El Imaginario permanecerá abierto y podréis seguir encontrando en él lo mismo de siempre, pero a aquellos que, como yo, estéis interesados en el noveno arte, tenéis ahora un nuevo rincón por el que pasaros a compartir y convivir.
Podéis acceder al nuevo blog pulsando en el banner que se encuentra en la columna de la izquierda o en este enlace.
No puedo despedirme sin agradeceros de nuevo a todos los que estáis ahí vuestra presencia y animaros a participar en cualquiera de los dos blogs. Vuestros comentarios, ya sean el comienzo de una interesante discusión sobre algún tema en concreto o un simple saludo, serán siempre bienvenidos.
Es curioso cómo películas que en su día pertenecían o al menos rozaban la ciencia-ficción, vistas hoy en día han perdido totalmente ese componente, debido a los avances científicos que hacen que lo que un día pareció imposible sea ahora posible e incluso probable. Esto es lo que pasa con Los niños del Brasil (The Boys from Brazil, 1978) de Franklin J. Schaffner que, sí bien no podía adscribirse claramente al género de la ciencia-ficción, sí que lo rozaba de manera más o menos clara. La película, basada en una novela de Ira Levin, nos cuenta la historia del Doctor Joseph Mengele miembro del partido nazi que, una vez acabada la guerra, prosigue junto a una encubierta organización nazi con sus trabajos científicos. Su principal proyecto consistió, aun en vida del fuhrer, en tomar células de la piel del dictador e introducirlas en 94 embriones previamente preparados. Así obtuvo 94 copias exactas de Adolf Hitler. Sabedor de que la identidad genética no es suficiente para conseguir a un individuo idéntico, sino que también es necesaria la identidad contextual, Mengele escogió a 94 familias en las mismas circunstancias que la del propio Hitler y les entrego a un niño a cada una. 14 años después, Mengele junto con su organización se dispone a asesinar a los 94 padres puesto que el padre de Hitler fue muerto cuando el cumplió esa misma edad. Con este punto de partida, Los niños del Brasil se convirtió en una de las primeras películas en tratar temas como la clonación y duplicación humanas que posteriormente han dado para numerosas historias escritas o filmadas. Llama la atención el hecho de que una historia como esta dé más miedo en pleno siglo XXI dada la posibilidad de sus premisas que en 1978 cuando se estrenó, que simplemente era una historia de ficción más.
La película comienza con Barry Kohler -un primerizo Steve Guttemberg algunos años antes de saltar a la fama con Loca academia de Policía (Police Academy, 1984)-, un joven que investiga las andanzas de un grupo de nazis en Paraguay. Pronto se pondrá en contacto con Ezra Lieberman, famoso cazador de nazis, para que le aconseje sobre los pasos a seguir, pero este, creyendo que se trata de otro joven periodista queriendo hacerse un nombre con noticias sobre los nazis que todos saben, hará caso omiso de sus advertencias. Esto cambiará cuando Kohler le informe de que tiene una grabación de una reunión secreta del grupo nazi con el doctor Joseph Mengele, pero ya será demasiado tarde, pues, Kohler será atrapado y asesinado antes de que pueda divulgar su historia. Es en ese momento en el que el protagonismo pasa de Guttemberg que lo había acaparado durante los primeros minutos del metraje a ser compartido por Gregory Peck en uno de sus últimos trabajos para el cine y Laurence Olivier en los papeles de Mengele y Lieberman respectivamente. Pronto quedará claro el parecido entre ambos hombres, enfrentados en extremos opuestos pero de psicología similar. Ambos son hombres que han envejecido sin saber pasar página a sus vidas anteriores, Mengele sigue viviendo en el III Reich a pesar de sus esfuerzos por instaurar el IV, cree que los nazis siguen teniendo el poder absoluto y no entiende el nuevo mundo en el que se mueve. Vive en una gran finca en Sudamérica en donde es el amo y señor y es incapaz de comprender el hecho de que sus colaboradores quieran detener el proyecto debido a las investigaciones de Lieberman. Este, por su parte es un hombre que alcanzó cierta fama antaño resultando crucial en el encarcelamiento de varios criminales de guerra nazis pero al que nadie escucha ya, es un hombre que lucha contra el tiempo, por conseguir otro fogonazo de gloria cazando a algún nazi, a este respecto son reveladoras dos frases de Lieberman: la primera cuando le dice a su hermana “debo estar haciéndome viejo” y ella le responde “No tienes tiempo”; y la segunda cuando, ante su insistencia para que su colaborador de la agencia Reuters investigue todas las muertes de personas de 65 años, este le dice “¿Tiene idea de cuantos hombre de 60 años mueren cada día?” a lo que Lieberman responde “Trato de no pensar en ello”. Ambos son hombres obsesionados con sus respectivos trabajos, Mengele es un científico apasionado con su proyecto hasta el extremo de atacar a sus propios colaboradores cuando cree que lo han traicionado. En el otro extremo, Lieberman sigue investigando persistentemente los crímenes de los nazis aun a pesar de no contar ni con ayuda, ni con dinero, ni con tiempo. También el camino que siguen ambos personajes es similar, ambos parecen tener gran poder al principio del film –especialmente Mengele- pero hacia el final de la historia queda patente que tanto Mengele como Lieberman están embarcados en sus propias misiones sin apoyo, ni reconocimiento alguno. El trabajo de Peck y de Olivier realza el gran perfilado de ambos personajes constituyéndolos en una base más que sólida sobre la que asentar la historia, no obstante ambos se llevaron sendas nominaciones para los Oscar y los Globos de Oro.
Podemos encontrar en Los niños del Brasil ciertos fallos como algún que otro plano deliberadamente efectista o el excesivo tiempo que dedican a explicar todo el tema de la clonación y la ingeniería genética (por otra parte excusable, dado el hecho de que en aquel tiempo no estaba tan a la orden del día como ahora), pero sin duda es una película de gran calidad con algunos planos excelentes (cf. el plano-secuencia que comienza en el exterior de la finca del lago de Mengele y acaba en los inquietantes ojos azules del niño negro muestra más de la psicología y los métodos del Doctor Mengele que todo el resto de la película; o el plano rodado desde la base del sótano de la casa del niño en el que se ve la amenazadora silueta de Mengele a contraluz a lo alto de la escalera), un ritmo muy bien dosificado y unas actuaciones perfectas. La cinta está llena de momentos excelentes pero cabe destacar la escena final en la que el niño se encuentra dentro de un cuarto de revelado de fotografía, con la luz roja iluminando de forma tenue la habitación, mientras revela las fotos que ha hecho al cadáver de Mengele. No hay manera de saber si cuando el niño dice “Loco” se refiere a Mengele o a él mismo. Es una escena sobrecogedora que fue cortada de la copia norteamericana antes de su estreno, y tuvo que ser recuperada posteriormente para los pases en televisión y las copias europeas. Esta última escena enlaza con un tema subyacente en toda la obra que es la posibilidad o no de clonar la personalidad de alguien junto con su cuerpo, es decir de “fabricar” personas a antojo. La intención de Mengele era modificar todas las posibles variables en la vida de los muchachos a fin de conseguir la copia más perfecta de Hitler. El resultado final que muestra la película no es exactamente el esperado por el doctor pero desde luego sí se ve influenciado por sus acciones, el niño acaba siendo un personaje violento y carente de cualquier tipo de empatía. Este es uno de los elementos que confiere a la película una mirada agridulce hacia el género humano, igual que la pelea entre Lieberman y Mengele, dos hombres educados e inteligentes que se ven arrastrados hasta el barbarismo mas primitivo dándose arañazos y golpeándose como animales mientras oímos los ladridos de los perros de fondo.
El resultado es una película sólida y muy bien narrada, con un contenido más denso de lo que se aprecia a simple vista y con unas actuaciones que la dotan de una vida y personalidad de las que de otra manera hubiera carecido. Además podemos considerarla pionera en el campo de la clonación y manipulación genética y por lo tanto precursora en cierta manera de numerosas películas que vendrían después.
USA, 1978 T.O.: The Boys from Brazil. Director: Franklin J. Schaffner. Guión: Heywood Gould sobre una novela de Ira Levin. Productores: Stanley O’Toole y Martin Richards. Producción: Incorporated Televisión Companý (ITC), Lew Grade y Producers Circle. Fotografía: Henri Decaë en color. Diseño de produccion: Gil Parrondo. Diseño de vestuario: Anthony Mendelson. Montaje: Robert E. Swink. Duración: 125 minutos.
Estreno USA: 5 de Octubre de 1978
Presupuesto estimado: $12,000,000
Interpretes: Gregory Peck (Dr. Josef Mengele), Laurence Olivier (Ezra Lieberman), James Mason (Eduard Seibert), Lilli Palmern (Esther Lieberman), Uta Hagen (Frieda Maloney), Steve Guttenberg (Barry Kohler), Rosemary Harris (Mrs. Doring), John Dehner (Henry Wheelock, John Rubinstein (David Bennet).
Argumento:
El nazi Dr. Josef Mengele, lleva años trabajando en un proyecto que le permitirá conseguir un clon perfecto de Hitler con el que instaurar el IV Reich, pero Ezra Lieberman, un reputado cazador de nazis ya retirado, hará todo lo que esté en su mano para detenerlo.
Hoy escribo para presentaros una nueva propuesta relacionada con la comunidad de Aragón. Indicearagón es un nuevo portal web en el que podemos encontrar todo lo referente a la comunidad, deportes, ocio, etc.
El portal es de reciente creación y por tanto aún faltan muchos contenidos, el último que se ha agregado es la sección de cine, en la que se pueden encontrar desde noticias cinematográficas internacionales a artículos de cine variados firmados por escritores de la comunidad. En este último grupo es en el que yo me encuentro y he tenido el honor de haber sido incluido dentro de los contenidos del portal.
Es una propuesta muy interesante en la que tener todo lo que acontece en Aragón reunido en un mismo lugar, y aunque aún les queda mucho camino por recorrer, desde aquí os animo a todos a pasaros a echar un vistazo, especialmente si sois de la comunidad.
Sean Penn, Gary Oldman, Ed Harris, Robin Wright (poco antes de añadir el Penn a su apellido), John C. Reilly y John Turturro. Música de Ennio Morricone. Película El clan de los irlandeses (entupido titulo español para State of grace, 1990).
Viendo la asombrosa lista de nombres que antecede, llama la atención enormemente el poco reconocimiento que tiene esta película, o mejor dicho desconocimiento, pues la crítica cinematográfica la ha tratado bastante bien a lo largo de los años, el problema es que la ha tratado poco.
Es curioso observar como esta película hizo las veces de trampolín para los actores que trabajaron en ella. Todos ellos, en mayor o menor medida alcanzarían una carrera destacable en Hollywood. Pero lo mas señalado es que mientras que la casi totalidad del reparto han tenido un futuro de éxito en el cine, su director, Phil Joanou apenas ha realizado media docena de películas en los últimos 20 años, la mayoría de ellas para televisión y sin ningún reconocimiento, aunque peor es el caso de Dennos McIntyre, su guionista, que murió varios meses antes de ver estrenado su único trabajo cinematográfico.
Hay que reconocer que, como tantas otras, El clan de los irlandeses no aporta nada nuevo al cine de gangsters, la historia está construida sobre lugares comunes y anegada de tópicos, especialmente sobre los irlandeses (bebedores, juerguistas y violentos), empero esto no impide que la película esté mas que correctamente realizada y el trabajo actoral sea (como era de esperar) perfecto sobre unos personajes bien construidos y coherentes. El clásico del policía que vuelve como infiltrado al barrio en el que se crió para hacer caer a sus antiguos compañeros sirve de base para construir las más de dos horas de drama criminal en las que no sobra ni falta ninguna escena.
Sin duda son los personajes –y las excelentes actuaciones de los actores- los que dotan de una vitalidad a la historia que no tendría de otro modo. Terry Noonan (Penn) es un policía atrapado entre diferentes lealtades, hacia el cuerpo de policía al que pertenece y su jefe Nick (Turturro), hacia sus antiguos amigos a los que tiene que meter entre rejas Jackie y Frankie Flannery (Oldman y Harris) y hacia la hermana de estos con la que antaño tuvo un romance que se reaviva en cuanto vuelven a verse, Kathleen (Wright). Noonan es uno de esos personajes torturados de los que tanto provecho a sacado Penn a lo largo de los años que pronto se verá atrapado en una caída libre de alcohol y violencia de la que difícilmente podrá salir. Por su parte Frankie es un matón de barrio que ha llegado a dirigir una organización criminal de mediano tamaño en Hell’s Kitchen formada principalmente por amigos y familiares. Frankie se esfuerza por aparentar mas de lo que realmente es, se ha mudado a Jersey y vive en una mansión alejado de los bajos fondos que dirige, viste de traje y se codea con importantes mafiosos de los que espera apoyo mientras estos lo manejan a su antojo, pero a pesar de todo sigue siendo un irlandés de barrio con una pistola en el cinturón -cf. la escena en la que Frankie reunido con un jefe mafioso italiano Borrelli (Joe Vieterelli) en un restaurante echa unas migas sobre la mesa y las arrastra hacia el suelo con la mano, a lo que el italiano le responde como si fuera un niño al que hay que reñir: “Frankie, no lo pongas todo perdido.” A lo que añade con un suspiro: “Estos chicos del West Side”-. El personaje de Gary Oldman, Jackie, es un irlandés loco y violento que se ha criado en el barrio y que no se detiene ante nada. Fue el mejor amigo de Terry y representa todo aquello en lo que este podría haberse convertido de haberse quedado en el barrio, razón por la cual, Terry intentará protegerlo y alejarlo del peligro. La forma en la que asesina a Cavello (Marco St. John) y a sus guardaespaldas, es sinónimo de la dejadez y abandono con los que pasa sus días. Finalmente Kathleen es una mujer fuerte y fría que hace tiempo se intento alejar de todo igual que Terry, solo que los lazos familiares le impidieron alejarse másallá de unas pocas manzanas. Cuando Terry vuelva y se reabra el viejo amor, se verá envuelta de nuevo en la violencia del barrio algo a lo que renunciará repetidas veces sin llegar a ser capaz de huir realmente. A medida que avanza la trama las relaciones entre todos ellos se irán envenenando, para acabar en un punto en el que todos ellos ocultan algo a los demás. Terry el hecho de que es un policía, Kathleen el conocimiento que tiene de la condiciónde infiltrado de Terry, Frankie el hecho de que se está dejando manipular por la mafia italiana hasta el punto de matar a uno de sus propios amigos, Stevie (John C. Reilly), a sangre fría, y Jackie oculta a Terry que ha matado a Cavello al que acusa de ser el asesino de Stevie. Todo ello llevará al enfrentamiento final entre Terry y la banda de Frankie en el bar, tiroteo rodado al ralentí de forma precisa alternado con las escenas del desfile de San Patricio que acontece en el exterior y con ciertas reminiscencias a Coppola. Es encomiable la manera en la que Joanou maneja la creciente tensión hasta llegar a este punto, incluyendo, a mitad de metraje, una magnifica escena en la que Frankie se reúne con Borelli en un restaurante, pero desconfiando de sus intenciones aposta a sus hombres con Jackie y Terry a la cabeza en un piso cercano con la orden de entrar al restaurante en el que se encuentran y acribillar a los italianos si Frankie no les llama a las dos. La tensión se crea en el momento en el que pasadas las dos, Borelli no deja a Frankie hacer la llamada aduciendo que es de mala educación y Terry intenta retrasar a Jackie y sus hombres en un intento desesperado de detener la carnicería. Después de 15 minutos de crescendo, justo en el momento en el que el tiroteo va a dar comienzo en el exterior del restaurante, Frankie aparece corriendo y abraza a Borelli, hecho que aborta el plan, haciendo que el espectador tenga que esperar hasta la escena final para ver estallar la tensión acumulada.
Es significativo el final de film, cuando justo después del tiroteo en el bar, Terry cae al suelo, aun vivo y la pantalla se funde a negro. La ausencia de epilogo, refuerza la idea de que lo importante en la película era la cruzada personal de Terry contra su pasado, su particular odisea acaba en el momento en el que rompe finalmente con todos los lazos que lo ataban al barrio. No existe futuro para él, y si lo hay no es importante. Todo aquello que podía interponerse ante el y su destino (la policía, Kathleen, Jackie) ha sido apartado convenientemente en los minutos anteriores al enfrentamiento.
Lamentablemente, el clan de los irlandeses se estrenó cinco días antes que Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990) de Martin Scorsese, de similar temática, mayor “prestigio” y mucha más publicidad, hecho que hizo que a la película de Joanou se le prestara mucha menos atención de la que hubiera requerido. A pesar del excelente trabajo del reparto, la correcta dirección y la evocativa música del maestro Morricone, la película no ha tenido la vida que se merecía sobreviviendo en emisiones de sábado por la tarde y en una pobre edición en DVD.
USA,UK, 1990
T.O.: State of Grace.
Director: Phil Joanou.
Guión: Dennos McIntyre.
Productores: Ned Dowd, Randy Ostrow y Ron Rotholz.
Producción: Cinehaus, Orion Pictres Corporation y The Rank Organisation.
Fotografía: Jordan Cronenweth en color.
Diseño de produccion: Doug Kraner y Patricia von Brandenstein.
Diseño de vestuario: Aude Bronson-Howard.
Dirección artistica: Tim Galván y Shawn Hausman
Interpretes: Sean Penn (Terry Noonan), Ed Harris (Frankie Flannery), Gary Oldman (Jackie Flannery), Robin Wright (Kathleen Flannery), John Turturro (Nick), Burgess Meredith (Finn), R. D. Call (Pat Nicholson), Joe Viterelli (Borelli), John C. Reilly (Stevie McGuire), Deirdre O’Conell (Irene), Marco St. John (Jimmy Cavello).
Argumento:
Terry Noonan es un policía de Boston que vuelve a Hell’s Kitchen en Nueva York, en donde se crió para infiltrarse en una banda de gangsters formada por sus viejos compañeros de la infancia. Nada mas llegar se reabrirán amistades y viejos amores y Terry comenzará a involucrarse demasiado hasta llegar al punto de no retorno.
Cuando se habla de Quentin Tarantino la primera película que sale por la boca es siempre Pulp Fiction (Id, 1994), después ya surgen sin ningún orden obras como Kill Bill (Id, 2003,2004), Reservoir Dogs (Id, 1992) o últimamente, Malditos bastardos (Inglourious Basterds, 2009), a veces incluso se habla de algún guión suyo como Abierto hasta el amanecer (From dusk till down, 1996) o Amor a Quemarropa (True Romance, 1993), pero lo que nunca o muy pocas veces se nombra es su relación con la ficción televisiva. Hagamos un poco de memoria. Allá por 1995, aún reciente el éxito de Pulp Fition, Tarantino dirigió ante sorpresa de seguidores del director y de la serie el último episodio de la primera temporada de Urgencias (ER, 1994-2009), Maternidad (1.24, Motherhood, 1995). Posteriormente, entre 2002 y 2004 actuó en cuatro episodios de Alias (Id, 2001-2006), la serie de J.J. Abrams. Finalmente, en la que es su ultima colaboración con la televisión hasta el momento, se encargó de escribir y dirigir en 2005 el último episodio de la quinta temporada de CSI Las Vegas (CSI: Crime Scene Investigation, 2000-), un episodio doble que se llamó Peligro Sepulcral (Grave Danger, 2005) en el que el CSI Nick Stokes (George Eads) es enterrado vivo por un misterioso secuestrador y el resto de sus compañeros han de encontrarlo antes de que se quede sin aire y muera. Merece la pena hablar de esta última colaboración, porque además de ser uno de los más espectaculares y elaborados –que ya es decir hablando de la serie que hablamos- episodios de toda la serie, es también uno de los mas desconocidos y sorprendentes trabajos de su director. Es preciso señalar que el motivo del enterramiento en vida no es nuevo, es algo que ya estaba presente en la filmografía de Tarantino (La Novia enterada en Kill Bill) y en la propia serie forense en uno de los primeros episodios de la primera temporada, Cajón y entierro (1.3, Crate ‘n’ Burial, 2000). Así Tarantino partiendo de algo conocido nos lleva hasta un universo de terror pocas veces explorado tanto en la serie como en la propia filmografía del director.
En la primera parte, o Volumen 1 si asimilamos su titulo original, es en la que el público apreciará más fácilmente el “estilo Tarantino”. Los famosos diálogos triviales del director aparecen en escena, aunque si bien con una duración menor dado el formato al que se atiene, sí en una cantidad mayor. Cada poco tiempo aparece en pantalla un gag propio del director, tal y como comenta Abdessamed Sahali al respecto de este capitulo en su libro “Series de culto. El otro Hollywood.” (Ma Non Troppo, 2007) “La firma de Tarantino es poco mas que una herramienta de marketing, muy útil por lo que se refiere a la credibilidad de la serie (…)”. Los diálogos ya mencionados, casi todos concentrados al principio del metraje, un pequeño salto temporal sin ninguna función narrativa salvo la asociación con otras obras del director que se valen del mismo recurso, la afirmación por parte de Grissom (William Petersen) –o deberíamos decir por parte de Quentin Tarantino- de que es fan de Roy Rogers “rey de los cowboys” (el popular actor de westerns y cantante country fallecido en 1998), el juego de mesa al que Hodges (Wallace Langham) enseña a jugar a Greg (Eric Szmanda) y por supuesto el cameo de dos grandes estrellas de cine como son Tony Curtis y Frank Gorshin (que interpretara a Enigma en la serie de Batman de 1966 protagonizada por Adam West y en la película derivada, y que murió tan solo dos días antes de la emisión del episodio) y la imitación que estos hacen de Jack Nicholson. Todo son guiños a la personalidad fílmica del director, dejando claro en todo momento al espectador quien se sienta en la silla en este episodio. También encontramos algo muy propio de Tarantino como es la “desdramatización del drama”, si se me permite la expresión, en la escena en la que todos los CSI reunidos en el laboratorio introducen una memoria USB enviada por el secuestrador en el ordenador y ven por primera vez a Nick a través de una cámara instalada en el ataúd, un punto voyeurista muy del gusto del director; la cámara recorre los rostros de todos ellos mientras de fondo suena la canción Outside Chance de The Turtles, la ruptura entre el tono de la canción y el de la escena es algo que hemos visto numerosas veces en la filmografía del director. Para finalizar con los “guiños tarantinanos” presentes en Peligro Sepulcral, queda hablar de la escena en la que Nick, creyendo que su final está cerca, graba un mensaje de despedida en un grabadora que el secuestrador ha dejado a su disposición, en el momento de dejar el mensaje para Grissom (su supervisor y mentor a lo largo de la serie) el director saca hábilmente la cámara del ataúd y la coloca en el laboratorio, donde vemos a Grissom leyendo los labios de Nick y respondiendo a su mensaje con un enigmático, “no, nunca lo hiciste Nick”, así, lo que en manos de cualquier otro director hubiera sido un momento emotivo más, en manos de Tarantino adquiere el estatus de guiño a su propia filmografía al no saber el espectador en ningún momento lo que Nick le dice a Grissom (cf. El contenido del maletín de Pulp Fiction). Este es uno de tantos momentos a lo largo del doble capitulo en los que Tarantino demuestra conocer bien los personajes con los que juega, pues el hecho de que Grissom sepa leer los labios es algo que el seguidor habitual de la serie sabe desde el episodio Sonidos del silencio (1.20, Sounds of Silence, 2001) de la primera temporada. También la afición a la entomología de Grissom que finalmente salva la vida de Nick, y algunos otros pequeños detalles son muestra de que Tarantino probablemente era un seguidor habitual de la serie antes de que lo llamaran a colaborar.
Tarantino como maestro guionista que es sabe de la dificultad de sostener dos episodios enteros sobre la búsqueda de un secuestrador desconocido, algo que sabiamente soluciona con el impactante final del primer episodio –en el que un personaje principal en la trama vuela por los aires-, separando así las tramas de ambas partes, centrando la primera en encontrar al secuestrador y la segunda en hallar el lugar en el que se encuentra Nick. Tarantino nos muestra en Peligro Sepulcral una faceta terrorífica que no conocíamos, desde el misterio de saber quién está haciendo eso y porqué en el volumen 1 hasta la más aterrorizante claustrofobia de Nick en el segundo, el miedo, la inquietud y la ansiedad se intensifican en un crescendo fascinante. En este punto debemos hacer una pausa para elogiar el trabajo de George Eads, un actor que ha interpretado a Nick Stokes desde el primer capítulo de la serie de forma correcta aunque sin destacar en ningún momento y que lleva a cabo en esta ocasión un magnifico trabajo que nadie hubiera esperado en un autentico tour de force que es sin duda uno de los pilares fundamentales del episodio.
Dos apuntes finales quedan por hacer. El primero, el hecho de que un director como Quentin Tarantino con una marcada personalidad autoral participe en una serie de televisión llama la atención siendo como es en televisión que la responsabilidad última de la serie no está en manos del director sino de la cadena y del showrunner, y por tanto, el resultado final de cada capitulo jamás queda en manos del director. Quizás así se explica el optimista final de Peligro sepulcral cuando Nick va a la cárcel a visitar a una de las responsables indirectas de su secuestro con un positivo mensaje de perdón, algo que, visto el gusto por la venganza que demuestra la filmografía del director, no parece ser decisión suya. El segundo elemento a destacar es la que quizás sea una de las escenas mas divertidas que Tarantino haya rodado jamás, casi al final del metraje, cuando el ataúd de Nick se ha llenado de hormigas y esta a punto de quedarse sin aire, justo en mitad del momento mas dramático de todo el episodio, Tarantino se da el lujo de introducir una ensoñación rodada en tonos grises y con un humor negrísimo en el que Nick Stokes se ve a sí mismo en la mesa de autopsias mientras el Doctor Robbins (Robert David Hall), su ayudante David (David Berman) y su padre (Andrew Prine) hablan de él mientras lo abren y le extraen los órganos del cuerpo (“Su hijo tenía un gran corazón” dice el forense al sonriente padre de Nick mientras le arranca el corazón y se lo entrega), una escena memorable.
Peligro Sepulcral se convirtió en uno de los capítulos mas vistos de toda la serie (hablamos de una serie que lleva en antena mas de 250 capítulos), con un rating de 8.5, situándose en los dos primeros puestos en la lista de favoritos de los usuarios de IMDB con una amplia diferencia. Varias de sus espectaculares escenas serían utilizadas para la cortinilla de la sexta temporada y la trama (que debería haber quedado cerrada) vería su alcance extendido hasta la mitad de la siguiente temporada, con varios cambios sustanciales respecto a lo que Tarantino había propuesto. Fue por lo tanto uno de los episodios más importantes e influyentes de la serie, que unido al hecho de ser uno de los trabajos más interesantes de Quentin Tarantino, hacen de Peligro sepulcral una de las obras mas atractivas de la televisión reciente y también una de las mas desconocidas e infravaloradas.